Crianza, escuela y aprendizaje

Crianza y Escuela:

Si quieres saber cómo la crianza se relaciona con el aprendizaje, cuál es la mejor manera, cuándo y cómo, de enseñar valores y emociones; qué tipo de escuela es mejor para mis hijos, qué tipo de método pedagógico es más apropiado, cuál es la mejor forma de escuela y aula en la era digital, cómo serán las escuelas del futuro, cuál es la diferencia entre criar y enseñar y entre enseñar y aprender, cuál es la diferencia entre educar para ganar y educar para crecer y cuál es el verdadero papel de la tecnología digital en la educación de los niños y jóvenes, este seminario es para ti. Más informes en: BLOG o PÁGINA. Pocos días para inscribirse a precio reducido. A la primera persona interesada en participar que nos diga vía el BLOG del Dr. Andere o la página de Facebook del Dr. Andere, el título y autor de la pintura representada en la fotografía recibirá un 15% de descuento para asistir al seminario.

El fin de la filosofía: ¿Será?

El fin de la filosofía ¿Será?

Por Eduardo Andere M.

El secreto de las buenas relaciones políticas, humanas y diplomáticas es ensalzar lo positivo y suavizar lo negativo. Cada vez que le decimos algo negativo a una persona automáticamente nuestro cerebro produce los químicos de la agresión, el miedo y la angustia tanto en la persona que criticamos como en nosotros mismos. Sin darnos cuenta, nuestro cerebro que nos tiene secuestrados nada en un mar de químicos bautizados por nuestro cerebro racional como ansiedad, miedo, angustia, coraje, rechazo, animadversión. Pero cada vez que aprovechamos una oportunidad, inclusive difícil o incómoda, para decir algo bueno o positivo, generamos los químicos de la empatía, el acercamiento y la felicidad.

Los cócteles de la tristeza y la felicidad no duran mucho en el sistema encefálico cerebral, todo pasa. Pero si somos capaces de producir o provocar muchos momentos de felicidad entonces la sumatoria es una gran felicidad.

Quizá la parte más significativa del cambio de siglo y de milenio para la humanidad es la decisión del cerebro humano de estudiarse a sí mismo, donde impresionantes hallazgos de la ciencia modificarán todo lo que hemos sostenido, por miles de años, como verdades absolutas entre ellas la virtud, la bondad, los hábitos, las sensaciones, la religiosidad y la divinidad, para ubicarlas en el cerebro humano.

Los avances en la biología celular y la bioquímica de la vida, así como la producción de nuevas tecnologías de imagen que pueden literalmente “observar” el cerebro cuando producimos algún pensamiento, experimentamos alguna emoción, predecimos alguna conducta, cambiarán por siempre la forma en que pensamos sobre el significado y el propósito de la vida, y en especial, de la vida humana.

El conocimiento del cerebro, que en realidad cumple con el dictumsocrático “conócete a ti mismo”, no significa piensa en tus virtudes y vicios, o en tu capacidad de decisión de lo bueno sobre lo malo como lo propondrían Sócrates, Aristóteles y Platón. Significa, en cambio, “conoce a tu cerebro”; y descubre, en los billones de células neuronales y gliales y los trillones de conexiones dónde se producen y descansan, tus emociones y pensamientos que se producen antes de hacerlos conscientes. Este conocimiento cambiará para siempre los paradigmas de la humanidad.

La filosofía, madre de todas las ciencias, naturales, sociales y humanistas, tendrá que unirse a la neurociencia para transformar la sabiduría de sus lucubraciones en la ciencia del pensamiento, la ciencia de la bondad y en la ciencia de la felicidad.

“Somos nuestro cerebro” como diría, el neurobiólogo neerlandés D.F. Swaab, o más acuciosamente, somos nuestro cerebro en un entorno o ambiente, como precisaría el profesor en ingeniería biológica y ciencias del cerebro y la cognición del M.I.T., Alan Jasanoff, que incluye al cuerpo humano que lo contiene, entraña una profunda transformación de la forma en la que pensamos o vivimos.

No somos seres humanos que estudian un cerebro, sino más bien somos cerebros que estudian al ser humano. No fue el ser humano quien le dio nombre al cerebro sino el cerebro el que nos bautizó como ser humano.

La segunda parte del siglo XXI será monumental en cambios de paradigma. La verdad neurológica sustituirá a la verdad filosófica. La nueva verdad impactará caóticamente nuestros conceptos de los valores humanos, inclusive la necesidad religiosa del cerebro, como lo sugieren el antropólogo Lionel Tiger y el psiquiatra y biomédico M. McGuire en su libro el “Cerebro de Dios”, y la forma de relacionarnos.

Los niños de hoy, vivirán un mundo con paradigmas completamente diferentes a los de ayer. La transición será monumental y estruendosa. Las tecnologías de información y comunicación y los hallazgos de las neurociencias transformarán para siempre el concepto de humanidad.

Los niños de hoy cuando sean adultos en la segunda mitad del siglo, seguirán sintiendo felicidad y tristeza, amor y odio, serenidad y ansiedad; tomarán buenas y males decisiones, pero sus lucubraciones sobre las mismas no serán filosóficas, sino neurológicas. El origen de mis acciones y decisiones no se encontrará en una lucubración ética entro lo bueno y lo malo, sino en el hurgar sobre el funcionamiento misterioso y maravilloso del cerebro, en su mayor parte automático o inconsciente, y el que realmente decide nuestras acciones antes de que las hagamos conscientes.

Estos hallazgos han empezado a cambiar, por ejemplo, los conceptos mismos de la pedagogía. En lugar de preparar a los maestros con temas de didáctica o enseñanza, se les prepara con materias intituladas “interacción” y “comunicación” donde los maestros del futuro aprenden cómo relacionarse positivamente, y cómo el expresarse con amabilidad y resaltar las cualidades en lugar de los defectos es la mejor forma de aprender y ser felices.

 

eduardoandere.net

 

 

Islandia: naturaleza y educación

ReikiavikReikiavik, Miércoles, Junio 6, 2018. Islandia, a diferencia de otras grandes urbes europeas carece de los grandes monumentos, edificios, iglesias o avenidas de Londres, Roma, París, Madrid, Moscú, Praga, San Petersburgo, Varsovia, Munich, Estocolmo, Escocia, Washington D.C., etc. Sus monumentos son sus paisajes, sus glaciares, sus volcanes, sus ríos, lagos, lagunas y el imponente mar que le rodea. Es un país pequeño en población, tan solo alrededor de 350 mil habitantes, pero altamente desarrollado. La ciudad capital, Reikiavik, es pintoresca, agradable, muy silenciosa y limpia. La limpieza es algo que se extiende por todo el país. Los lagos, ríos, laderas, todo luce respandeciente. En los veranos de cada año el gobierno islandés contrata a adolescentes que tengan por lo menos 13 años de edad y que quieran trabajar un poco para embellecer a la ciudad y sus alrededores; los jóvenes acuden al llamado y forman brigadas orientadas por un adulto para recorrer la zona metropolitana.

Otro aspecto sobresaliente que los islandeses cuidan mucho es la educación de sus niños y jóvenes. Escuela Reikiavik Junio 4 18Es difícil encontrar en el mundo escuelas con ambientes tan amigables de aprendizaje como los que existen en las escuelas en Islandia. Sin embargo, sus resultados en PISA no han sido elevedos; situación que los mantiene preocupados.

Islandia tiene un impersionante record en indicadores de desarrollo, progreso social, democracia, equidad y eliminación en la brecha de género. Es el país del mundo con la menor brecha de género, y es también el único país del mundo PISA donde las mujeres superan a los varones en los resultados de las pruebas de lectura, ciencia y matemáticas. A veces uno se pregunta si los islandeses están mal o si la medición de PISA es limitada. Para los lectores de este Blog que quisieran encontrar las respuestas a los enigmas de Islanida junto con una descripción del país y su entorno natural y económico, así como una narrativa sobre sus maravillosas Escuela Reikiavikm2 Junio 4 18escuelas, les sugiero leer el capítulo sobre Islandia de mi libro publicado en 2017 con el título ¿Cómo es el aprendizaje en escuelas de clase mundial?Mejor aprendizaje mundo Tomo 2

¿Cómo serán las escuelas del futuro?

Las escuelas del futuro

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Por Eduardo Andere M.

¿Cómo serán? Ciertamente muy distintas a las actuales, pero todo dependerá de qué tan lejos coloquemos la mira. En diez años, las escuelas del mundo, unas más que otras, se parecerán mucho a las actuales, pero con más artilugios, más modernos, más y mejor conexión a Internet. En diez años todavía nos referiremos a las escuelas como ambientes o comunidades de aprendizaje aunque literalmente no lo sean. Algunas escuelas tratarán de ser modernas por cuanto a los espacios abiertos, iluminados, aulas o edificios polivalentes, más jardines, más estudios de arte, menos libros y más laptops, tabletas, teléfonos inteligentes, o aparatos similares. Sin embargo, el gran brinco vendrá entre 20 y 30 años, cuando las escuelas en lugar de crecer en tamaño se reduzcan; los tiempos de los niños en los planteles como los conocemos hoy disminuirá, y los “ambientes de aprendizaje” serán los parques, las bibliotecas (que se llamarán centros de aprendizaje), los museos, los bosques, las áreas verdes, las empresas y los hogares. La escuela estará más cerca a la fuente del saber sensorial, para que los niños tengan experiencias directas con el tema de la “lección” en turno.

IMG_4331Ya existen en el mundo escuelas sin muros, techos, aulas, instalaciones físicas; con maestros entrenados para enseñar física, matemáticas, lectura, arte, deportes y ciencias, directamente en los ríos, lagos, montañas, bosques, estadios.

Lo que ahora hacen algunas escuelas de manera esporádica o excepcional, en diez años será la regla.

En la era del conocimiento comprimido (a través de una tableta o un teléfono inteligente) será todavía más importante que los niños tenga una experiencia RICA de aprendizaje, al ver, oler, tocar, mirar el fenómeno o evento de la lección directamente. Entre más rápido mudemos de tipo de escuela, mejor para el cerebro. Así que quien quiera adelantarse sería oportuno empezar ahora. El cambio podría ser gradual; pero que se dará, parece inevitable. Parafraseando a David Hume, el padre de la psicología cognitiva: no es lo mismo ver a una mariposa plasmada en una fotografía o en un “power point” que en su hábitat natural. No es lo mismo pensar en cruzar el río que cruzar el río.

El cerebro, las escuelas y la política educativa

El cerebro, las escuelas y la política educativa

Por Eduardo Andere M.

Les comparto mi artículo que también se publicó hoy en el portal: educacionfutura

A mis seguidores de WordPress les mando un link de un página electrónica académica que relaciona al Cerebro, la mente y el aprendizaje, espero que sea de su interés: http://www.cicero.fi/about-cicero.html

¿Cuál es la mejor escuela para mis hijos? Con frecuencia en mi bandeja digital o al final de mis conferencias algunos papás me preguntan sobre ésta o aquélla escuela; si es mejor una escuela tradicional o progresista, etc. La verdad es que no existe “la mejor escuela.”

Gracias a los avances de la neuroeducación hoy sabemos que la mejor escuela es el hogar. Niños pobres, abandonados, con tensión tóxica (permanente) o sujetos a negligencia muestran, en las imágenes, cerebros dañados. Por el contrario, infantes y niños que viven un ambiente cordial, relajado, emocional y cognitivamente rico en casa, muestran cerebros sanos, neurológicamente activos. Estos cerebros, a partir de un ambiente positivo y colaborativo en casa, son ejemplo de una entonación o sinergia virtuosa de las neuronas: neuronas que se disparan juntas se quedan juntas. Lo que un ambiente de esta naturaleza ofrece en el hogar son los cimientos para una vida socialmente positiva, cognitivamente abierta y emocionalmente equilibrada. En general, estos son los niños ideales para enseñar y aprender.

Este conocimiento derivado de las ciencias del cerebro y la mente, o del desarrollo infantil, es corroborado por la economía y la sociología de la educación que sostienen que lo que pasa en casa, desde el punto de vista socioeconómico y cultural, es más importante que lo que pasa en la escuela para explicar la diferencia en el desempeño académico de los niños y jóvenes.

Entonces el hogar es más importante. Dicho eso, la sociedad y la escuela, aunque en menor escala, son importantes también.

Los niños que del hogar llegan a la escuela con cerebros serenos, acostumbrados a un ambiente seguro y relajado, si encuentran en la escuela un ambiente similar, tendrán el mejor espacio para potenciar su desarrollo. Y los cerebros que provienen de ambientes tensos y difíciles, más impotentes serán si llegan a un ambiente social y escolar, tenso e inseguro; se potenciará su subdesarrollo cerebral.

De ahí que la escuela del siglo XXI heredada del siglo XX no tenga casi nada que ver con la escuela de la era de la neuroeducación. Desde los primeros maestros de occidente, los sofistas, hasta las primeras escuelas grecolatinas, el énfasis escolar ha sido el desarrollo cognitivo, a cualquier costo: “la letra con sangre entra”. La versión moderna de esta sentencia es el frenesí por las pruebas estandarizadas de alto impacto pero sobre todo los esquemas de rendición de cuentas; léase, evaluación de maestros atada a los resultados de sus alumnos. No se trata de decir no a las pruebas, se trata de que las pruebas y uso de sus resultados, estén entonados con las ciencias del desarrollo cerebral y humano.

Las escuelas formadoras de maestros en el mundo, excepto, quizá, las de Finlandia, están en crisis. Los maestros no quieren ser maestros: mal capacitados, mal pagados, mal apreciados y, todo el tiempo, examinados; no suena como a un buen trabajo y menos a un proyecto de vida. Así, ¿quién quiere ser maestro? Necesitamos urgentemente cambiar tanto la formación de maestros como el concepto de escuela.

Un detalle simple: la evidencia neurológica se abulta para sugerir que el arte y su enseñanza y el aprendizaje en movimiento, es decir, niños que practican moviéndose, aumentan la cognición y el aprendizaje de la geometría y las matemáticas; además de que producen con más facilidad los químicos o el coctel de la felicidad: oxitocinas, endorfinas, dopaminas y serotoninas; que son esenciales para la motivación desde la casa hasta la vida.

¿Qué significa esto para la política educativa? Más horas de matemáticas a costa del arte puede ser perverso. Regalar iPads o tabletas, ciertamente aumenta algunos químicos de la felicidad como los que producen euforia y satisfacción; sensación de recompensa. El problema es que para mantener a los niños felices, así, necesitamos darles a cada rato una mejor tableta. No, lo que realmente ayudaría es repensar por completo la atracción, formación y retribución de la carrera docente y reinventar a la escuela.

Las escuelas no deben verse más como recintos donde se enseña por horas a cerebros naturalmente desinhibidos a ser inhibidos—lo cual es una aburrición para niños y maestros—sino como espacios donde se desarrollan cerebros.

Actualmente las escuelas son fábricas de inhibición, obstaculizadoras de la creatividad y la sabiduría; debemos convertirlas en verdaderos laboratorios humanos de desarrollo cerebral. ¿Qué tipo de profesionales necesitamos para esa desafío? ¿Qué les ofreceremos a cambio? Bueno, para empezar un salario digno, pero más importante, un ambiente profesional y un proyecto de vida.

http://eduardoandere.net

El Cerebro es una quisicosa

El cerebro es una quisicosa

Por Eduardo Andere M.

Somos nuestro cerebro, es el título de un libro recientemente publicado por el neurobiólogo D.F. Swaab, y nada es más cierto que eso.

El cerebro es un enigma que lentamente sucumbe ante los ineluctables avances de la ciencia. En el nombre de la ciencia se descubre la naturaleza del hombre. No somos más que alrededor de cien mil millones de células cerebrales y unos cuantos trillones de comunicaciones entre ellas. Cada neurona es capaz de conectarse con alrededor de 10 mil neuronas. Lo que comúnmente llamamos ser humano en realidad es un sistema encefálico-nervioso disfrazado de ser humano; y lo que normalmente llamamos consciencia o conciencia (prefiero usar la primera forma para sacudirla de connotaciones morales) no es otra cosa que el funcionamiento del tercer cerebro, el racional, el más desarrollado de los tres órganos evolucionados que componen nuestra masa encefálica: el reptiliano , límbico y neocortical.

De hecho mi capacidad de escribir estas líneas, como las tuyas de leerlas y sobre todo la consciencia de escribirlas y leerlas, demuestran el trabajo de este exquisito y todavía, pero no por mucho tiempo más, misterioso órgano nervioso.

Antes de las últimas dos o tres décadas solamente teníamos idea del funcionamiento del cerebro derivado del estudio en cerebros de animales (ratones, chimpancés) y cerebros humanos dañados, como el famosísimo caso de Phineas P. Gage un estadounidense quien en 1848 sufrió un terrible accidente de trabajo cuando una barra de metal atravesó su cráneo entrando por la mejilla y saliendo por la parte frontal de la corteza cerebral. Phineas increíblemente sobrevivió al accidente pero su temperamento y comportamiento cambiaron de forma radical, lo que permitió a los científicos de la época iniciar una nueva era en el estudio del cerebro humano.

Otro ejemplo análogo, pero con daño cerebro-mental, cien años después, es el dramático caso de una niña criada en condiciones ferales. Genie, como se le conoce, nació en California, Estados Unidos, en 1957, y fue criada en condiciones inhumanas por dos padres abusivos y enfermos. Genie estuvo en aislamiento total desde su nacimiento hasta cumplir 13 años y la mayor parte del tiempo permaneció atada a una silla o amarrada a una cuna. Existen registros que indican que su padre y hermano mayor se dirigían a ella ladrándole. Un desafortunado evento humano permitió a la comunidad científica, no sin críticas severas, analizar los impactos en el aprendizaje humano entre los genes y el ambiente.

Pero el conocimiento profundo del cerebro apenas empezó hace un par de décadas con el advenimiento de las nuevas tecnologías no invasivas de estudio, dentro de las cuales destacan las imágenes de resonancia magnética (MRI, por sus siglas en inglés) incluyendo las funcionales (fMRI), los electroencefalogramas computarizados (EEG), las tomografías por emisión de positrones (PET) y la optogenética. Estas tecnologías pueden literalmente “leer” hasta los pensamientos.

Aún más, existen incipientes desarrollos tecnológicos con implantes cerebrales conocidos como interfaz cerebro-computadora (BCI) invasivos y no invasivos que captan y digitalizan las señales del cerebro. Por ejemplo, estos interfaces son capaces de detectar la actividad ocasionada por un pensamiento específico donde una computadora programada interpreta y traduce dicho pensamiento (señal) en un efecto físico visible a simple vista (activar una máquina, mover un brazo). Así, la ciencia persigue la esencia del hombre: el pensamiento no es producto del alma o del espíritu; es algo físico y, por tanto, medible.

Este es el futuro. Suena a ciencia ficción y quizá no lo veamos en actividad comercializada y democratizada sino dentro de 60 o 70 años, que fue el tiempo que transcurrió entre la primera computadora Konrad Z3 en 1941 y el iPhone en 2007, pero que transformará todo, desde la medicina, hasta la educación, la religión, la psicología y la filosofía del ser humano. Y el futuro es de quienes lo ven primero.

Pero ver el futuro no es algo aleatorio. ¿Quiénes ven el futuro? Quienes tienen más conocimiento y creatividad: dos capacidades cognitivas conectadas con otras secciones del cerebro que otrora se pensaban solamente emocionales o automáticas. El cerebro funciona como partes y como todo; focalizado e interconectado a la vez. Bien, ven mejor el futuro quienes invierten tiempo y esfuerzo en el aprendizaje, la investigación, la ciencia, la tecnología y su aplicación.

No sorprende entonces que el año pasado, tanto el Presidente Obama, como la Unión Europea hayan lanzado multimillonarios esfuerzos para mapear el cerebro humano, algo así como el impresionante proyecto del genoma humano, iniciado en 1990 y concluido en 2003.

 

A través de ingeniería inversa y mapeos, el objeto visible de las iniciativas es descubrir formas de tratar enfermedades neurológicas y psiquiátricas. Pero como sucede en la historia de la ciencia un camino abre muchos otros, y hallazgos no buscados se descubren por casualidad pero no por suerte, sino por serendipia.

Los impresionantes avances de la neurología, nanociencia, imagenología, inteligencia artificial, genética y computación abren nuevas avenidas para un futuro humano que apenas si vislumbramos, mucho más dramático e impactante que el futuro de nuestros antepasados.

Ahora el mundo es diferente, y la ciencia empieza a devanar la madeja del intrincado y complejísimo cerebro humano. La recompensa humana, económica y ambiental del desarrollo de tecnologías limpias, es impresionante, invaluable e inconmensurable. Este es el valor de invertir en la ciencia. En México tenemos un grupo extraordinario de científicos, pero muy pequeño. El 0.30 % o 0.40 % del PIB que históricamente México ha invertido en investigación y desarrollo es extremadamente bajo, inclusive si se eleva al doble o triple. Durante toda la década pasada México fue el país con la menor inversión en este rubro entre los miembros de la OCDE. En la segunda década de este siglo seguimos siendo el más bajo, unidos con Chile, que se incorporó a la OCDE en 2010.

Los recursos son escasos. Bueno, no tan escasos. Si hay dinero para obsequiar millones de computadoras, pizarrones electrónicos y tabletas cuya utilidad para el aprendizaje está científicamente cuestionada, entonces los 20 mil millones de pesos que costó Enciclomedia hace 10 años, bien podrían haberse utilizado para el desarrollo de ciencia y tecnología. Y ¿en qué invertir? No en las prioridades del gobierno, sino en la excelencia científica aunque parezca irrelevante. Uno nunca sabe.

 

Nota: Una versión resumida de este “post” se publicó en Reforma el 4 de junio, 2014.

El Autor es profesor investigador visitante de la Universidad de Nueva York. http://eduardoandere.net

¿Qué somos: mente o cerebro?

¿Qué somos: mente o cerebro?

Por Eduardo Andere M.

No todos los neurólogos aceptan la existencia de la mente; pero ningún psicólogo niega la del cerebro. Suponiendo que mente y cerebro co-existen: ¿quién domina a quién?

No somos seres humanos provistos de un cerebro o de un encéfalo con el adyacente sistema de nervios; somos, por el contrario, encéfalos encubiertos por una vestimenta, epidermis, que le da forma o contiene a lo que hemos llamado “ser humano” . Es una prenda maravillosa que se ostenta en diferentes colores, tamaños, magnitudes y géneros. No es el ser humano el que controla a uno de sus órganos, i.e., el cerebro, sino todo lo contrario.

Si lo pensamos bien, y nos vemos tal y como es la máquina bioquímica que nos da vida y movimiento, en realidad, somos entes encefálicos, como alienígenos que deambulamos por las calles, entre aparadores y cruceros, para comprar vestimentas. ¡Pensemos en ello! No hay mente sin cerebro; pero sí hay cerebro sin mente. Ninguno pensamiento escrito o narrado existe sin un cerebro consciente. Ni siquiera el sentimiento existe, a menos que pensemos en ello. No hay un espíritu flotando por ahí que crea pensamientos y sentimientos, sino más bien una masa material (medible en peso y tamaño) que crea la sensación de lo inmaterial como un escape a la prisión de la materia limitada. En este mundo un pensamiento es una expresión física de un conjunto de conexiones físicas; sinapsis y sinopsis; o sea, patrones o líneas sinápticas que se manifiestan como expresiones sinópticas.

El cerebro es una masa muy compleja y bastante impactante a simple vista, de unos 1300 o 1400 gramos de peso; repleto de células o fibras que llamamos neuronas y sus extensiones o prolongaciones que las conectan y neurotransmisores, neuromoduladores y hormonas que las disparan o inhiben. Se estima que un cerebro humano tiene más o menos 100 mil millones de neuronas con una cantidad mucho mayor (trillones o cuatrillones) de conexiones (de 1000 a 10000 por cada neurona típica), a través de procesos conocidos como sinapsis.

Los avances más importantes en la investigación neurológica a través de nuevas tecnologías no invasivas de observación como resonancias magnéticas o tomografías simples y contrastadas, pasivas o funcionales, así como el aprendizaje o desarrollo de nuevas neuronas (neurogénesis) o nuevas conexiones (neuroplasticidad) observadas en cerebros físicamente dañados que son capaces de recuperar funciones cognitivas y no-cognitivas en áreas o secciones del cerebro que se pensaban dañadas o destinadas a otras funciones, nos permiten deducir el enorme potencial de crecimiento cuantitativo, pero sobre todo cualitativo (selectivo) del cerebro a lo largo de su vida fisiológica.

Pero en el centro del debate filosófico, psicológico y neurológico está la discusión si un ente ciento por ciento material (cerebro) es capaz de crear un ente inmaterial (mente), no tan visiblemente complejo como el primero, pero más complicado.

Si uno es esotérico, por supuesto que lo inmaterial, la luz universal, la fuente universal de toda vida y los ángeles existen; si uno es religioso, existe también el “cerebro espiritual”, que trasciende lo físico y de alguna manera sublima o condena la existencia humana; pero si uno es científico, una masa material es una masa material, que no puede dar pie a una existencia metafísica; en este mundo, la mente es un fenómeno físico, no inmaterial y mucho menos espiritual.

En ese sentido estricto la psicología no es más que una extensión de la neurología. Los traumas, los miedos, las pasiones, los deseos, la euforia, la depresión, el amor, la alegría, la tristeza, el odio, la envidia, y otras tantas cosas, no son más que productos de procesos neurológicos, de neuronas que se dispararon juntas y pegaron juntas. Son patrones de conexiones neuronales derivados de la interacción genética y ambiental a la que están sujetos los cerebros (seres humanos).

En el mundo ambientalista, las experiencias ricas o diferentes de aprendizaje pueden detonar nuevos patrones neuronales, y, por tanto, nuevos aprendizajes, nuevas conductas. ¿Es acaso cierto que el ambiente puede modificar el cerebro? ¿Quiere esto decir que la mente es capaz, por sí misma, de modificar al cerebro? ¿Es la mente más poderosa que el cerebro? ¿Existe el cerebro de Buda? Es decir, que un proceso mental sea capaz de modificar un proceso cerebral. En el mundo de la neurología sí es posible, siempre y cuando el proceso mental sea considerado físico también; o sea, producto del proceso cerebral. Aquí, la mente no es más que un efecto de los procesos químico-biológicos del cerebro. Pensamos lo que somos; no somos lo que pensamos.

Aún en este mundo físico, donde la mente es materia; la mente, que es un efecto del cerebro, por una exquisita aunque infinitamente compleja estructura y función cerebral, es capaz de rebobinar el circuito o cableado cerebral, al intentar nuevos aprendizajes; como caminar para atrás; lavarse los dientes con la mano izquierda si uno es diestro; escribir de derecha a izquierda o aprender un nuevo idioma, o leer un libro nuevo, o caminar y trabajar en lugar de echarse o flojear, o nutrirse saludablemente, o llevar una vida con carga ligera.

El misterio es que el cerebro humano es capaz de crear una fuerza que parece inmaterial pero no lo es, y que es capaz de rebobinarlo como la mano que se pinta a sí misma de Escher; o la imagen que se ve a sí misma, o el ojo que ve lo que ve de Magritte. La mente es el instrumento del cerebro para crear y recrear; para inventar, innovar; modificar patrones. Pero la mente para ser activa requiere voluntad. Y la voluntad es otra de esas creaciones del cerebro que es difícil asir.

Mente y cerebro son la misma cosa y son diferentes a la vez. Las implicaciones de este conocimiento llegan a la educación y a las escuelas de manera lenta pero consistente.  Poco a poco aprendemos cómo aprende el cerebro y qué hábitos mentales pueden ayudarnos a desaprender lo aprendido para aprender nuevas cosas. Cuando un maestro le pregunta a un alumno “¿qué sabes sobre la mejor forma de hacer tal o cual cosa; o qué sabes sobre el contexto de la Revolución Mexicana?” Lo que hace en realidad es recibir información diagnóstica de las creencias (“conocimientos verdaderos o falsos”) del niño. Si sus creencias son mitos, el camino es desaprender. Si sus creencias son ciertas el camino es reforzar. Lo mismo ocurre con nuestros miedos, traumas y angustias; motivación, flojera y actitudes. El psicólogo del aprendizaje trata de escudriñar para llevarnos por un nuevo aprendizaje. En neurología, esto es recablear o rebobinar las conexiones neuronales. Es como administrar el cerebro; o dicho de otra manera, administrar la inteligencia, el conocimiento y el aprendizaje. La creación de ambientes de aprendizaje está en el centro de esta fascinante discusión.

El autor es profesor-investigador visitante de la Escuela Steinhardt de Cultura, Educación y Desarrollo Humano de la Universidad de Nueva York y autor del libro: Teachers’ Perspectives on Finnish School Education: Creating Leaning Environments. Springer. Switzerland. 2014. (http://buff.ly/KvVFBH)