Bondad, Compasión y Neurociencia: revisada y reeditada.

Resumen de la conferencia de Daniel Goleman comentada por Eduardo Andere M.

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Este artículo originalmente publicado en mi Blog en 2015 lo he revisado y reeditado para publicarlo como nueva entrada por la importancia y actualidad del tema.

Título de la conferencia: Una fuerza para el bien: El llamado del Dalai Lama a la acción. Lugar: Washburn Auditorium, Lesley University. Brattle Campus. Fecha: Abril 2, 2015. 16 horas. Conferencista: Daniel Goleman, autor del famoso libro Inteligencia Emocional.

 

  1. La pregunta implícita de la conferencia aunque no expresada por Goleman, es ¿qué necesitamos para un mejor ser humano y una mejor sociedad?
  2. Las respuestas que da Goleman se derivan de sus conversaciones y amistad con el Dalia Lama.

Respuestas:

  1. Crece en compasión
  2. Un buen líder hace el bien
  3. Cuando leemos las noticias, todas están llenas de horribles relatos. Cierto los relatos de noticias negativas superan a los de noticias positivas.
  4. Necesitamos reinventar el futuro
  5. ¿Cómo? Aumentando la cantidad de amabilidad y bondad
  6. Ver al otro, y responder ¿cuáles son las necesidades de la otra persona en mi interacción diaria?
  7. Necesitamos nutrir nuestra salud o higiene emocional
  8. Por ejemplo, el enojo. Todos nos enojamos. El enojo es una emoción destructiva, como muchas otras. Todos vivimos con ellas a diario. Estas emociones negativas nos destruyen más.
  9. Neurológicamente las emociones destructivas no son otra cosa que la excitación de la amígdala, más bien las amígdalas.
    1. NOTA de EAM: La amígdala o amígdalas son estructuras del sistema límbico o cerebro emocional como se le denomina popularmente. Es el nodo del miedo; es la estructura encargada de decirnos huir o luchar “fight or flight”.[1]La que nos provoca miedo, ansiedad. Normalmente la amígdala está tranquila y controlada por el cerebro racional, pensante, localizado, preponderantemente, en la corteza pre-frontal (la parte más frontal) del lóbulo frontal. A veces, cuando algo emocional sucede: pérdida de un trabajo, una gran decepción, una amenaza, un pleito, enojo, una injusticia, la amígdala se activa y entra en lucha o ataque con el cerebro racional. Normalmente el cerebro emocional doblega al racional a menos que se realice un esfuerzo consciente como mentalización o una intervención química; aún así, el ser humano es profundamente racional. Hallazgos de investigaciones recientes sobre las emociones sugieren que las emociones dominan a las razones a menos que las razones sean producto de un trabajo muy cuidadoso y largo para la constitución de nuevos hábitos que sustituyan unas emociones sobre otras; o que construyan nuevas emociones. (Dos trabajos seminales lucubran sobre este tema: 1) Barrett, Lisa Feldman. (2018). How emotions are made: The secret life of the brain. Mariner Books. Boston. 2) Duhigg, Charles. (2014). The power of habit: Why we do what we do in life and business. Random House Trade Paperbacks. New York.). Sobre el tema Lisa Feldman Barrett ofrece la siguiente potente conclusión: “Uno no puede superar la emoción con pensamiento racional (…) aún y cuando te sientes racional.”
  10. Cuando experimentamos emociones destructivas como el enojo, [resentimiento, rencor][2]o tratos que sentimos injustos, la amígdala secuestra a la razón. Es como si el resto del cerebro se paralizara.
  11. ¿Qué hacer? Goleman nos platica sobre lo que el Dalai Lama le ha relatado (lo cual es material de un nuevo libro que está escribiendo Goleman como celebración por el 80 aniversario del Dalai).
  12. Usar el cerebro racional para actuar con bondad y empatía.
  13. Por ejemplo, si uno está muy enojado por una fuerte discusión o desacuerdo con su consorte o pareja, la primera pregunta es recordar ¿por qué estoy con esta persona?
  14. Cuando uno empieza a razonar lo que sucede neurológicamente es que uno activa la corteza pre-frontal. Este cerebro racional cuando actúa utiliza información de otras partes del cerebro.
    1. Nota de EAM. Cierto, aquí se sienta o localiza lo que en la literatura se conoce como la función ejecutiva del cerebro, el gran orquestador, el inhibidor, el planeador[3].
  15. ¿Qué hacer según Goleman, según el Dalai Lama?
  16. Actúa con compasión.
  17. Neurológicamente la compasión es un reflejo de tres funciones neuronales o cerebrales:
    1. Empatía cognitiva: saber qué pasa con el otro
    2. Empatía emocional: sentir lo que el otro siente
    3. Preocupación empática: detente en el camino; detén el ritmo de tu ajetreada vida diaria y, por favor, mira a la otra persona.
  18. Goleman pausa y cuenta una fábula, con un fabuloso mensaje inspirador:
    1. Un abuelo le cuenta a su nieto que tiene dos lobos dentro de sí mismo que luchan todo el tiempo: uno bueno y otro malo. El niño pausa y le pregunta: ¿Y cuál de los dos gana? El Abuelo responde: al que yo alimente más.
    2. NOTA de EAM: Busqué la historia en internet y encontré su origen. Es una fábula que se origina en una leyenda Cherokee[4].
  1. Pero vivimos un mundo muy apresurado que además alimenta a las emociones destructivas, y las escuelas y las empresas inmersas en un mundo tan competitivo, no ayudan, por el contrario, fomentan esa destrucción.
  2. Otro punto importante derivado de los hallazgos neurológicos es que la primera persona beneficiada por un acto compasivo es la persona que lo realiza en primera instancia. La compasión detona todo tipo de efectos químicos que nos hacen sentir bien, en paz, contentos.
    1. NOTA de EAM: Esto es totalmente cierto. Existen hasta revistas científicas sobre la compasión. La Universidad de Stanford tiene un Centro de Compasión, con artículos que relatan hallazgos de los beneficios de la compasión, la bondad y los cuidados[5]. Practiquen un buen acto cualquiera, y verán que se siente uno muy bien, de maravilla, el cerebro nos recompensa con torrentes de serotonina. A mí mismo me ha sucedido varias veces, en momentos de ataque de la amígdala procuro ayudar a alguien o buscar mirar, observar con cuidado a la gente. Por ejemplo, hace un par de días; el martes pasado para ser exacto, deambulando por el Campus de la Universidad de Harvard, a las 20 horas, ingresé a la Capilla sin denominación religiosa específica de la Universidad (The Memorial Church). Para mi sorpresa y deleite se llevaría a cabo un concierto coral ejecutado por el Coro de la misma Universidad: Harvard University Choir. IMG_4084Para mi mejor sorpresa, se interpretaría uno de los más hermosos Réquiems de la historia de la música: Réquiem in D Minor, op. 48 de Gabriel Fauré[6]. Bueno, el punto más importante que viene a la historia, es que ahí sentado a mi derecha en la banca contigua, se encontraba un hombre mayor de unos ochenta años, así parecía. Grande, robusto, encorvado, con melena y mal vestido, la mirada cabizbaja y triste y el corazón roto. Yo mismo estaba emocionalmente susceptible. No sé porqué, pero al final del concierto, me esperé a que el hombre se levantara y caminara. Por fortuna pasó cerca de mí; con paso apesadumbrado, lento, como quien lleva en sus espaldas toda la tristeza junta de una vida desigual, sufrida, se retiró del recinto. Pude observar cómo a su paso la gente lo evitaba. Lo miré profundamente y traté de sentir su dolor y lo sentí; salí caminado junto a él hasta que desapareció en la penumbra de una noche fría. Mi compasión por él, me benefició más a mí que a él. Pero por unos momentos, este hombre desolado, me pasó toda su tristeza, y no hice más que sentir compasión sincera, que al mismo tiempo me dejó tristeza, pero no sé, una especie de ecuanimidad. En otra ocasión, hace ya diez años, un par de meses antes de que mi padre muriera, estaba yo sentado junto a él en su recámara. Por tristeza, durante muchos meses antes, el sufrió dolores físicos y emocionales fuertes. Uno de ellos, la falta de capacidad de articular sus pensamientos en palabras. Bueno, en esa noche triste, le tomé su mano, la coloqué entre mis dos manos y le dije algo así: “papá, yo sé que estás sufriendo; y también que no puedo hacer nada para quitarte tu dolor. Pero quiero que sepas que no hay un instante en el día que no piense en ti; que no sienta tu dolor y tus emociones; que no me sienta cerca de ti.” La respuesta de mi padre fue una sonrisa de agradecimiento eterna; una sonrisa que guardo en mi memoria de largo plazo y que me alimenta con paz y con sentimientos de sublimación y serenidad. Un tercer ejemplo, me ocurrió hace dos años. También en un momento difícil para mi. Estaba yo por partir de viaje hacia Bolivia. Además de mi vulnerabilidad, llego al aeropuerto y me entero que mi vuelo estaba retrasado al menos cuatro horas; eso significaba perder la conexión en Bogotá. Y así fue. Lo que ocasionaría muchos inconvenientes. Así fue también. Como recompensa la línea aérea ofrecía cupones para comer. Fui al restaurante. Además de que no tenía hambre estaba enojado y con otras emociones destructivas. Antes de levantarme decidí obsequiar mi cupón. Pero quería dárselo a la persona que según yo lo necesitaba más. Entonces me dediqué a buscarla. La encontré. Era un trabajador de limpieza del aeropuerto, el más viejito, que limpiaba con lentitud y en posición cabizbaja; que traía en su espalda, el dolor de toda una vida sufrida. Era una de aquellas personas que siempre están ahí, pero que nunca vemos porque siempre vamos de prisa. Me levanté y le obsequié mi cupón. Se quedó varado. Al retirarme me di cuenta que el viejito no se movía. Me acerqué, le expliqué de qué se trataba, lo tomé del brazo y lo llevé al restaurante. Llamé a la gerente y le expliqué la situación. Para mi sorpresa la gerente reaccionó con inmensa amabilidad y con mucho respeto llevó al señor a su mesa. Antes de partir, volteó, no me dijo nada, pero mostró una sonrisa profundamente sincera. Esa expresión, esa sonrisa, me dio serenidad por varios días; además, cada vez que recuerdo el incidente me hace sentir pleno y tranquilo. En fin. Sucede lo contrario cuando nuestra actitud es la opuesta: egoísmo, enojo, frialdad, envidia. Todo esto no tiene nada que ver con una lección de moral o ética; es pura neurociencia y química. Practiquen hoy o mañana un acto compasivo o bondadoso y van a sentir la reacción neuronal. Por ejemplo, una propina generosa a un trabajador de limpieza en los baños públicos del aeropuerto puede ser un ejemplo. Verán la sonrisa. Sus neuronas reaccionarán con químicos que dan la sensación de tranquilidad y plenitud. Si cuesta trabajo y lo haces, la recompensa es mayor. Extraña bioquímica del ser humano.
  3. ¿Por qué los jefes son arrogantes? La respuesta de la ciencia: “en general las personas de alta posición o poder no escuchan a las personas de menor posición y poder.” Sucede lo contrario con las personas de menor nivel en la escala jerárquica, social o política. Ellos ponen más atención a lo que dicen las personas de poder. Uno puede ser dueño y al mismo tiempo humano. El cerebro nos recompensa. El ejemplo que ofreció Goleman es el siguiente: “Nosotros no empleamos a la gente para hacer pasteles; hacemos pasteles para darle empleo a la gente.”

Nota de EAM: Sobre este tema de los líderes poderosos y el narcisimo hay mucha literatura. En el pequeño libro de mi autoría “Democracia,transparencia y educación: demagogía, corrupción e ignorancia” existe una sección intitulada “Líderes narcisistas, líderes carismáticos” que abunda sobre el tema. México: Siglo XXI Editores. 2018.

  1. Según el Dalai Lama, debemos tratar de entender las causas más profundas de los problemas. Debemos ayudar a las personas para que se ayuden a sí mismas.
  2. Otra forma de cambiar el mundo es que las mujeres ocupen más posiciones de liderazgo. Según la neurociencia el cerebro de las mujeres reacciona por naturaleza con más empatía ante el dolor ajeno que el cerebro del hombre. NOTA de EAM: Cierto las mujeres por razones naturales producen más oxitocina que los hombres: la hormona del amor, la confianza, la conexión y empatía.
  1. Otras formas de ayudar al mundo es eliminando nuestras marcas dañinas que todos nosotros dejamos para el deterioro de la naturaleza o de los recursos naturales. Actos como usar la bicicleta en lugar del automóvil, usar menos plástico (que no se degrada); consumir productos menos dañinos, ayudan a uno y a todos. Por ejemplo, Goleman mencionó el trabajo de Ski Deep[7], una aplicación para teléfonos inteligentes con página electrónica de una organización protectora del ambiente que clasifica a cerca de 80, 000 cosméticos por su nivel de toxicidad. El objetivo es educar al consumidor cuando compra un producto sobre el daño que se hace a sí mismo y a la naturaleza.
  2. La mayor parte de los objetos que hacen nuestra vida diaria fueron pensados y fabricados antes de la época moderna, antes de la conciencia ambiental. Por tanto, el mundo y las empresas, necesitan hacer todo de nuevo, con conciencia ambiental.
  3. Dalia Lama dice, según Goleman: “debemos repensar el conflicto y resolverlo con diálogo no con guerra”.
  4. Narcisismo de las diferencias o desacuerdos menores. Pelear por todo. ¿Cómo evitar ese narcisismo cotidiano? “Con el contacto personal cercano; habla con la gente con la que no estás de acuerdo; educa a tu corazón”. Para ello debemos, según Goleman, educar a los niños y a nosotros mismos en el aprendizaje social y emocional, que consiste en: hacer el bien a uno mismo, hacer el bien a los demás; agregar mentalización (mindfulness), compasión y pensamiento sistemáticos.
  5. Hasta un lenguaje agresivo o malas palabras puede ocasionar que el cerebro nos haga sentir mal. En un estudio realizado con niños de seis años de edad se encontró que hablarles con groserías ocasionaba sentimientos incómodos en los pequeños.
  6. Según otro estudio realizado en Nueva Zelanda con niños de edad escolar se encontró que el control cognitivo (reflexionar sobre lo que se hace, actuar con compasión) predice más el éxito financiero en la vida adulta de los pequeños que los niveles de Coeficiente Intelectual (CI) o el ingreso o riqueza de los padres.
  7. Tres preguntas debemos hacer, según Dalai Lama para cualquier decisión:

¿Quién se beneficia? ¿Me beneficia a mí nada más o a todos los demás? ¿El beneficio es pasajero o para el futuro?

  1. Ante una pregunta de un joven estudiante sobre cómo afectan las redes sociales virtuales a la conducta y al cerebro, Goleman dijo, que el cerebro humano está diseñado para la interacción persona a persona; es mucho más fácil la empatía, la conexión y el funcionamiento de las neuronas espejo en cercanía física que a través de mensajes, correos electrónicos, o redes virtuales. Es muy agradable tener la capacidad de comunicarse todo el tiempo; pero cómo afectará o beneficiará al cerebro que está diseñado para el contacto humano directo, tendremos que averiguarlo todavía.
  2. Al final yo le pregunté: ¿Has experimentado ataques de la amígdala y si lo has vivido, cómo la calmas? Después de una sonrisa larga, contestó: mentalización y buscar formas alternativas de enfrentar la situación que detonó la emoción destructiva.
  3. Goleman terminó su conferencia invitando a los asistentes a pasar al piso superior donde se vendían sus libros.
  4. La sala de la Universidad de Leslie, que se ubica muy cerca de la Universidad de Harvard, justo a un costado del Radcliffe College, estaba completamente llena con una audiencia de 300 personas.
  5. Nota de EAM: Además de los libros de Goleman, para quienes quieran profundizar en el tema de la mentalización y la compasión sugiero la lectura del libro: Buddha’s Brain: The practical neuroscience of happiness, love, and wisdom. Autor: Rick Hanson. Editorial New Harbinger Publications.

[1]Sobre la amígdala hay mucha información en la red y Wikipedia tiene buenos artículos al respecto. Un par de referencias una en inglés y otra en español para quien quiera profundizar: https://nba.uth.tmc.edu/neuroscience/s4/chapter06.html http://www.um.es/analesps/v20/v20_2/05-20_2.pdf[2]Los corchetes son del autor EAM. [3]Me refiero a este tema con más amplitud en mi libro: La cultura del aprendizaje: hogar y escuela del siglo XXI. http://eduardoandere.net/publicaciones/libros.html[4]La fábula se encuentra aquí: http://www.firstpeople.us/FP-Html-Legends/TwoWolves-Cherokee.html[5]Stanford University, Escuela de Medicina: The Center for Compassion and Altruism: http://ccare.stanford.edu[6]Encontré en Youtube una hermosa interpretación por si quieren escucharla mientras terminan de leer esta nota; pero se aprecia mejor, en un lugar tranquilo cerrando los ojos, reposando la mente y el ser entero, y es preciso escucharlo todo, de principio a fin: https://www.youtube.com/watch?v=UnilUPXmipM[7]http://www.ewg.org/skindeep/

Crianza y Escuela y las dos Reformas Educativas

Recordatorio para el seminario del Dr. Andere del 26 de enero de 2019. Últimos días de registro con mayor descuento.

Compartimos en la foto la columna del Dr. Andere sobre Las dos reformas educativas (de AMLO y Peña) publicada en el Reforma el 16 de diciembre de 2018.

PROGRAMA: http://www.eduardoandere.info/seminarios.html

Informes y registro: juan@eduardoandere.net

Crianza, escuela y aprendizaje

Crianza y Escuela:

Si quieres saber cómo la crianza se relaciona con el aprendizaje, cuál es la mejor manera, cuándo y cómo, de enseñar valores y emociones; qué tipo de escuela es mejor para mis hijos, qué tipo de método pedagógico es más apropiado, cuál es la mejor forma de escuela y aula en la era digital, cómo serán las escuelas del futuro, cuál es la diferencia entre criar y enseñar y entre enseñar y aprender, cuál es la diferencia entre educar para ganar y educar para crecer y cuál es el verdadero papel de la tecnología digital en la educación de los niños y jóvenes, este seminario es para ti. Más informes en: BLOG o PÁGINA. Pocos días para inscribirse a precio reducido. A la primera persona interesada en participar que nos diga vía el BLOG del Dr. Andere o la página de Facebook del Dr. Andere, el título y autor de la pintura representada en la fotografía recibirá un 15% de descuento para asistir al seminario.

El fin de la filosofía: ¿Será?

El fin de la filosofía ¿Será?

Por Eduardo Andere M.

El secreto de las buenas relaciones políticas, humanas y diplomáticas es ensalzar lo positivo y suavizar lo negativo. Cada vez que le decimos algo negativo a una persona automáticamente nuestro cerebro produce los químicos de la agresión, el miedo y la angustia tanto en la persona que criticamos como en nosotros mismos. Sin darnos cuenta, nuestro cerebro que nos tiene secuestrados nada en un mar de químicos bautizados por nuestro cerebro racional como ansiedad, miedo, angustia, coraje, rechazo, animadversión. Pero cada vez que aprovechamos una oportunidad, inclusive difícil o incómoda, para decir algo bueno o positivo, generamos los químicos de la empatía, el acercamiento y la felicidad.

Los cócteles de la tristeza y la felicidad no duran mucho en el sistema encefálico cerebral, todo pasa. Pero si somos capaces de producir o provocar muchos momentos de felicidad entonces la sumatoria es una gran felicidad.

Quizá la parte más significativa del cambio de siglo y de milenio para la humanidad es la decisión del cerebro humano de estudiarse a sí mismo, donde impresionantes hallazgos de la ciencia modificarán todo lo que hemos sostenido, por miles de años, como verdades absolutas entre ellas la virtud, la bondad, los hábitos, las sensaciones, la religiosidad y la divinidad, para ubicarlas en el cerebro humano.

Los avances en la biología celular y la bioquímica de la vida, así como la producción de nuevas tecnologías de imagen que pueden literalmente “observar” el cerebro cuando producimos algún pensamiento, experimentamos alguna emoción, predecimos alguna conducta, cambiarán por siempre la forma en que pensamos sobre el significado y el propósito de la vida, y en especial, de la vida humana.

El conocimiento del cerebro, que en realidad cumple con el dictumsocrático “conócete a ti mismo”, no significa piensa en tus virtudes y vicios, o en tu capacidad de decisión de lo bueno sobre lo malo como lo propondrían Sócrates, Aristóteles y Platón. Significa, en cambio, “conoce a tu cerebro”; y descubre, en los billones de células neuronales y gliales y los trillones de conexiones dónde se producen y descansan, tus emociones y pensamientos que se producen antes de hacerlos conscientes. Este conocimiento cambiará para siempre los paradigmas de la humanidad.

La filosofía, madre de todas las ciencias, naturales, sociales y humanistas, tendrá que unirse a la neurociencia para transformar la sabiduría de sus lucubraciones en la ciencia del pensamiento, la ciencia de la bondad y en la ciencia de la felicidad.

“Somos nuestro cerebro” como diría, el neurobiólogo neerlandés D.F. Swaab, o más acuciosamente, somos nuestro cerebro en un entorno o ambiente, como precisaría el profesor en ingeniería biológica y ciencias del cerebro y la cognición del M.I.T., Alan Jasanoff, que incluye al cuerpo humano que lo contiene, entraña una profunda transformación de la forma en la que pensamos o vivimos.

No somos seres humanos que estudian un cerebro, sino más bien somos cerebros que estudian al ser humano. No fue el ser humano quien le dio nombre al cerebro sino el cerebro el que nos bautizó como ser humano.

La segunda parte del siglo XXI será monumental en cambios de paradigma. La verdad neurológica sustituirá a la verdad filosófica. La nueva verdad impactará caóticamente nuestros conceptos de los valores humanos, inclusive la necesidad religiosa del cerebro, como lo sugieren el antropólogo Lionel Tiger y el psiquiatra y biomédico M. McGuire en su libro el “Cerebro de Dios”, y la forma de relacionarnos.

Los niños de hoy, vivirán un mundo con paradigmas completamente diferentes a los de ayer. La transición será monumental y estruendosa. Las tecnologías de información y comunicación y los hallazgos de las neurociencias transformarán para siempre el concepto de humanidad.

Los niños de hoy cuando sean adultos en la segunda mitad del siglo, seguirán sintiendo felicidad y tristeza, amor y odio, serenidad y ansiedad; tomarán buenas y males decisiones, pero sus lucubraciones sobre las mismas no serán filosóficas, sino neurológicas. El origen de mis acciones y decisiones no se encontrará en una lucubración ética entro lo bueno y lo malo, sino en el hurgar sobre el funcionamiento misterioso y maravilloso del cerebro, en su mayor parte automático o inconsciente, y el que realmente decide nuestras acciones antes de que las hagamos conscientes.

Estos hallazgos han empezado a cambiar, por ejemplo, los conceptos mismos de la pedagogía. En lugar de preparar a los maestros con temas de didáctica o enseñanza, se les prepara con materias intituladas “interacción” y “comunicación” donde los maestros del futuro aprenden cómo relacionarse positivamente, y cómo el expresarse con amabilidad y resaltar las cualidades en lugar de los defectos es la mejor forma de aprender y ser felices.

 

eduardoandere.net

 

 

Islandia: naturaleza y educación

ReikiavikReikiavik, Miércoles, Junio 6, 2018. Islandia, a diferencia de otras grandes urbes europeas carece de los grandes monumentos, edificios, iglesias o avenidas de Londres, Roma, París, Madrid, Moscú, Praga, San Petersburgo, Varsovia, Munich, Estocolmo, Escocia, Washington D.C., etc. Sus monumentos son sus paisajes, sus glaciares, sus volcanes, sus ríos, lagos, lagunas y el imponente mar que le rodea. Es un país pequeño en población, tan solo alrededor de 350 mil habitantes, pero altamente desarrollado. La ciudad capital, Reikiavik, es pintoresca, agradable, muy silenciosa y limpia. La limpieza es algo que se extiende por todo el país. Los lagos, ríos, laderas, todo luce respandeciente. En los veranos de cada año el gobierno islandés contrata a adolescentes que tengan por lo menos 13 años de edad y que quieran trabajar un poco para embellecer a la ciudad y sus alrededores; los jóvenes acuden al llamado y forman brigadas orientadas por un adulto para recorrer la zona metropolitana.

Otro aspecto sobresaliente que los islandeses cuidan mucho es la educación de sus niños y jóvenes. Escuela Reikiavik Junio 4 18Es difícil encontrar en el mundo escuelas con ambientes tan amigables de aprendizaje como los que existen en las escuelas en Islandia. Sin embargo, sus resultados en PISA no han sido elevedos; situación que los mantiene preocupados.

Islandia tiene un impersionante record en indicadores de desarrollo, progreso social, democracia, equidad y eliminación en la brecha de género. Es el país del mundo con la menor brecha de género, y es también el único país del mundo PISA donde las mujeres superan a los varones en los resultados de las pruebas de lectura, ciencia y matemáticas. A veces uno se pregunta si los islandeses están mal o si la medición de PISA es limitada. Para los lectores de este Blog que quisieran encontrar las respuestas a los enigmas de Islanida junto con una descripción del país y su entorno natural y económico, así como una narrativa sobre sus maravillosas Escuela Reikiavikm2 Junio 4 18escuelas, les sugiero leer el capítulo sobre Islandia de mi libro publicado en 2017 con el título ¿Cómo es el aprendizaje en escuelas de clase mundial?Mejor aprendizaje mundo Tomo 2

¿Cómo serán las escuelas del futuro?

Las escuelas del futuro

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Por Eduardo Andere M.

¿Cómo serán? Ciertamente muy distintas a las actuales, pero todo dependerá de qué tan lejos coloquemos la mira. En diez años, las escuelas del mundo, unas más que otras, se parecerán mucho a las actuales, pero con más artilugios, más modernos, más y mejor conexión a Internet. En diez años todavía nos referiremos a las escuelas como ambientes o comunidades de aprendizaje aunque literalmente no lo sean. Algunas escuelas tratarán de ser modernas por cuanto a los espacios abiertos, iluminados, aulas o edificios polivalentes, más jardines, más estudios de arte, menos libros y más laptops, tabletas, teléfonos inteligentes, o aparatos similares. Sin embargo, el gran brinco vendrá entre 20 y 30 años, cuando las escuelas en lugar de crecer en tamaño se reduzcan; los tiempos de los niños en los planteles como los conocemos hoy disminuirá, y los “ambientes de aprendizaje” serán los parques, las bibliotecas (que se llamarán centros de aprendizaje), los museos, los bosques, las áreas verdes, las empresas y los hogares. La escuela estará más cerca a la fuente del saber sensorial, para que los niños tengan experiencias directas con el tema de la “lección” en turno.

IMG_4331Ya existen en el mundo escuelas sin muros, techos, aulas, instalaciones físicas; con maestros entrenados para enseñar física, matemáticas, lectura, arte, deportes y ciencias, directamente en los ríos, lagos, montañas, bosques, estadios.

Lo que ahora hacen algunas escuelas de manera esporádica o excepcional, en diez años será la regla.

En la era del conocimiento comprimido (a través de una tableta o un teléfono inteligente) será todavía más importante que los niños tenga una experiencia RICA de aprendizaje, al ver, oler, tocar, mirar el fenómeno o evento de la lección directamente. Entre más rápido mudemos de tipo de escuela, mejor para el cerebro. Así que quien quiera adelantarse sería oportuno empezar ahora. El cambio podría ser gradual; pero que se dará, parece inevitable. Parafraseando a David Hume, el padre de la psicología cognitiva: no es lo mismo ver a una mariposa plasmada en una fotografía o en un “power point” que en su hábitat natural. No es lo mismo pensar en cruzar el río que cruzar el río.

El cerebro, las escuelas y la política educativa

El cerebro, las escuelas y la política educativa

Por Eduardo Andere M.

Les comparto mi artículo que también se publicó hoy en el portal: educacionfutura

A mis seguidores de WordPress les mando un link de un página electrónica académica que relaciona al Cerebro, la mente y el aprendizaje, espero que sea de su interés: http://www.cicero.fi/about-cicero.html

¿Cuál es la mejor escuela para mis hijos? Con frecuencia en mi bandeja digital o al final de mis conferencias algunos papás me preguntan sobre ésta o aquélla escuela; si es mejor una escuela tradicional o progresista, etc. La verdad es que no existe “la mejor escuela.”

Gracias a los avances de la neuroeducación hoy sabemos que la mejor escuela es el hogar. Niños pobres, abandonados, con tensión tóxica (permanente) o sujetos a negligencia muestran, en las imágenes, cerebros dañados. Por el contrario, infantes y niños que viven un ambiente cordial, relajado, emocional y cognitivamente rico en casa, muestran cerebros sanos, neurológicamente activos. Estos cerebros, a partir de un ambiente positivo y colaborativo en casa, son ejemplo de una entonación o sinergia virtuosa de las neuronas: neuronas que se disparan juntas se quedan juntas. Lo que un ambiente de esta naturaleza ofrece en el hogar son los cimientos para una vida socialmente positiva, cognitivamente abierta y emocionalmente equilibrada. En general, estos son los niños ideales para enseñar y aprender.

Este conocimiento derivado de las ciencias del cerebro y la mente, o del desarrollo infantil, es corroborado por la economía y la sociología de la educación que sostienen que lo que pasa en casa, desde el punto de vista socioeconómico y cultural, es más importante que lo que pasa en la escuela para explicar la diferencia en el desempeño académico de los niños y jóvenes.

Entonces el hogar es más importante. Dicho eso, la sociedad y la escuela, aunque en menor escala, son importantes también.

Los niños que del hogar llegan a la escuela con cerebros serenos, acostumbrados a un ambiente seguro y relajado, si encuentran en la escuela un ambiente similar, tendrán el mejor espacio para potenciar su desarrollo. Y los cerebros que provienen de ambientes tensos y difíciles, más impotentes serán si llegan a un ambiente social y escolar, tenso e inseguro; se potenciará su subdesarrollo cerebral.

De ahí que la escuela del siglo XXI heredada del siglo XX no tenga casi nada que ver con la escuela de la era de la neuroeducación. Desde los primeros maestros de occidente, los sofistas, hasta las primeras escuelas grecolatinas, el énfasis escolar ha sido el desarrollo cognitivo, a cualquier costo: “la letra con sangre entra”. La versión moderna de esta sentencia es el frenesí por las pruebas estandarizadas de alto impacto pero sobre todo los esquemas de rendición de cuentas; léase, evaluación de maestros atada a los resultados de sus alumnos. No se trata de decir no a las pruebas, se trata de que las pruebas y uso de sus resultados, estén entonados con las ciencias del desarrollo cerebral y humano.

Las escuelas formadoras de maestros en el mundo, excepto, quizá, las de Finlandia, están en crisis. Los maestros no quieren ser maestros: mal capacitados, mal pagados, mal apreciados y, todo el tiempo, examinados; no suena como a un buen trabajo y menos a un proyecto de vida. Así, ¿quién quiere ser maestro? Necesitamos urgentemente cambiar tanto la formación de maestros como el concepto de escuela.

Un detalle simple: la evidencia neurológica se abulta para sugerir que el arte y su enseñanza y el aprendizaje en movimiento, es decir, niños que practican moviéndose, aumentan la cognición y el aprendizaje de la geometría y las matemáticas; además de que producen con más facilidad los químicos o el coctel de la felicidad: oxitocinas, endorfinas, dopaminas y serotoninas; que son esenciales para la motivación desde la casa hasta la vida.

¿Qué significa esto para la política educativa? Más horas de matemáticas a costa del arte puede ser perverso. Regalar iPads o tabletas, ciertamente aumenta algunos químicos de la felicidad como los que producen euforia y satisfacción; sensación de recompensa. El problema es que para mantener a los niños felices, así, necesitamos darles a cada rato una mejor tableta. No, lo que realmente ayudaría es repensar por completo la atracción, formación y retribución de la carrera docente y reinventar a la escuela.

Las escuelas no deben verse más como recintos donde se enseña por horas a cerebros naturalmente desinhibidos a ser inhibidos—lo cual es una aburrición para niños y maestros—sino como espacios donde se desarrollan cerebros.

Actualmente las escuelas son fábricas de inhibición, obstaculizadoras de la creatividad y la sabiduría; debemos convertirlas en verdaderos laboratorios humanos de desarrollo cerebral. ¿Qué tipo de profesionales necesitamos para esa desafío? ¿Qué les ofreceremos a cambio? Bueno, para empezar un salario digno, pero más importante, un ambiente profesional y un proyecto de vida.

http://eduardoandere.net

El Cerebro es una quisicosa

El cerebro es una quisicosa

Por Eduardo Andere M.

Somos nuestro cerebro, es el título de un libro recientemente publicado por el neurobiólogo D.F. Swaab, y nada es más cierto que eso.

El cerebro es un enigma que lentamente sucumbe ante los ineluctables avances de la ciencia. En el nombre de la ciencia se descubre la naturaleza del hombre. No somos más que alrededor de cien mil millones de células cerebrales y unos cuantos trillones de comunicaciones entre ellas. Cada neurona es capaz de conectarse con alrededor de 10 mil neuronas. Lo que comúnmente llamamos ser humano en realidad es un sistema encefálico-nervioso disfrazado de ser humano; y lo que normalmente llamamos consciencia o conciencia (prefiero usar la primera forma para sacudirla de connotaciones morales) no es otra cosa que el funcionamiento del tercer cerebro, el racional, el más desarrollado de los tres órganos evolucionados que componen nuestra masa encefálica: el reptiliano , límbico y neocortical.

De hecho mi capacidad de escribir estas líneas, como las tuyas de leerlas y sobre todo la consciencia de escribirlas y leerlas, demuestran el trabajo de este exquisito y todavía, pero no por mucho tiempo más, misterioso órgano nervioso.

Antes de las últimas dos o tres décadas solamente teníamos idea del funcionamiento del cerebro derivado del estudio en cerebros de animales (ratones, chimpancés) y cerebros humanos dañados, como el famosísimo caso de Phineas P. Gage un estadounidense quien en 1848 sufrió un terrible accidente de trabajo cuando una barra de metal atravesó su cráneo entrando por la mejilla y saliendo por la parte frontal de la corteza cerebral. Phineas increíblemente sobrevivió al accidente pero su temperamento y comportamiento cambiaron de forma radical, lo que permitió a los científicos de la época iniciar una nueva era en el estudio del cerebro humano.

Otro ejemplo análogo, pero con daño cerebro-mental, cien años después, es el dramático caso de una niña criada en condiciones ferales. Genie, como se le conoce, nació en California, Estados Unidos, en 1957, y fue criada en condiciones inhumanas por dos padres abusivos y enfermos. Genie estuvo en aislamiento total desde su nacimiento hasta cumplir 13 años y la mayor parte del tiempo permaneció atada a una silla o amarrada a una cuna. Existen registros que indican que su padre y hermano mayor se dirigían a ella ladrándole. Un desafortunado evento humano permitió a la comunidad científica, no sin críticas severas, analizar los impactos en el aprendizaje humano entre los genes y el ambiente.

Pero el conocimiento profundo del cerebro apenas empezó hace un par de décadas con el advenimiento de las nuevas tecnologías no invasivas de estudio, dentro de las cuales destacan las imágenes de resonancia magnética (MRI, por sus siglas en inglés) incluyendo las funcionales (fMRI), los electroencefalogramas computarizados (EEG), las tomografías por emisión de positrones (PET) y la optogenética. Estas tecnologías pueden literalmente “leer” hasta los pensamientos.

Aún más, existen incipientes desarrollos tecnológicos con implantes cerebrales conocidos como interfaz cerebro-computadora (BCI) invasivos y no invasivos que captan y digitalizan las señales del cerebro. Por ejemplo, estos interfaces son capaces de detectar la actividad ocasionada por un pensamiento específico donde una computadora programada interpreta y traduce dicho pensamiento (señal) en un efecto físico visible a simple vista (activar una máquina, mover un brazo). Así, la ciencia persigue la esencia del hombre: el pensamiento no es producto del alma o del espíritu; es algo físico y, por tanto, medible.

Este es el futuro. Suena a ciencia ficción y quizá no lo veamos en actividad comercializada y democratizada sino dentro de 60 o 70 años, que fue el tiempo que transcurrió entre la primera computadora Konrad Z3 en 1941 y el iPhone en 2007, pero que transformará todo, desde la medicina, hasta la educación, la religión, la psicología y la filosofía del ser humano. Y el futuro es de quienes lo ven primero.

Pero ver el futuro no es algo aleatorio. ¿Quiénes ven el futuro? Quienes tienen más conocimiento y creatividad: dos capacidades cognitivas conectadas con otras secciones del cerebro que otrora se pensaban solamente emocionales o automáticas. El cerebro funciona como partes y como todo; focalizado e interconectado a la vez. Bien, ven mejor el futuro quienes invierten tiempo y esfuerzo en el aprendizaje, la investigación, la ciencia, la tecnología y su aplicación.

No sorprende entonces que el año pasado, tanto el Presidente Obama, como la Unión Europea hayan lanzado multimillonarios esfuerzos para mapear el cerebro humano, algo así como el impresionante proyecto del genoma humano, iniciado en 1990 y concluido en 2003.

 

A través de ingeniería inversa y mapeos, el objeto visible de las iniciativas es descubrir formas de tratar enfermedades neurológicas y psiquiátricas. Pero como sucede en la historia de la ciencia un camino abre muchos otros, y hallazgos no buscados se descubren por casualidad pero no por suerte, sino por serendipia.

Los impresionantes avances de la neurología, nanociencia, imagenología, inteligencia artificial, genética y computación abren nuevas avenidas para un futuro humano que apenas si vislumbramos, mucho más dramático e impactante que el futuro de nuestros antepasados.

Ahora el mundo es diferente, y la ciencia empieza a devanar la madeja del intrincado y complejísimo cerebro humano. La recompensa humana, económica y ambiental del desarrollo de tecnologías limpias, es impresionante, invaluable e inconmensurable. Este es el valor de invertir en la ciencia. En México tenemos un grupo extraordinario de científicos, pero muy pequeño. El 0.30 % o 0.40 % del PIB que históricamente México ha invertido en investigación y desarrollo es extremadamente bajo, inclusive si se eleva al doble o triple. Durante toda la década pasada México fue el país con la menor inversión en este rubro entre los miembros de la OCDE. En la segunda década de este siglo seguimos siendo el más bajo, unidos con Chile, que se incorporó a la OCDE en 2010.

Los recursos son escasos. Bueno, no tan escasos. Si hay dinero para obsequiar millones de computadoras, pizarrones electrónicos y tabletas cuya utilidad para el aprendizaje está científicamente cuestionada, entonces los 20 mil millones de pesos que costó Enciclomedia hace 10 años, bien podrían haberse utilizado para el desarrollo de ciencia y tecnología. Y ¿en qué invertir? No en las prioridades del gobierno, sino en la excelencia científica aunque parezca irrelevante. Uno nunca sabe.

 

Nota: Una versión resumida de este “post” se publicó en Reforma el 4 de junio, 2014.

El Autor es profesor investigador visitante de la Universidad de Nueva York. http://eduardoandere.net

¿Qué somos: mente o cerebro?

¿Qué somos: mente o cerebro?

Por Eduardo Andere M.

No todos los neurólogos aceptan la existencia de la mente; pero ningún psicólogo niega la del cerebro. Suponiendo que mente y cerebro co-existen: ¿quién domina a quién?

No somos seres humanos provistos de un cerebro o de un encéfalo con el adyacente sistema de nervios; somos, por el contrario, encéfalos encubiertos por una vestimenta, epidermis, que le da forma o contiene a lo que hemos llamado “ser humano” . Es una prenda maravillosa que se ostenta en diferentes colores, tamaños, magnitudes y géneros. No es el ser humano el que controla a uno de sus órganos, i.e., el cerebro, sino todo lo contrario.

Si lo pensamos bien, y nos vemos tal y como es la máquina bioquímica que nos da vida y movimiento, en realidad, somos entes encefálicos, como alienígenos que deambulamos por las calles, entre aparadores y cruceros, para comprar vestimentas. ¡Pensemos en ello! No hay mente sin cerebro; pero sí hay cerebro sin mente. Ninguno pensamiento escrito o narrado existe sin un cerebro consciente. Ni siquiera el sentimiento existe, a menos que pensemos en ello. No hay un espíritu flotando por ahí que crea pensamientos y sentimientos, sino más bien una masa material (medible en peso y tamaño) que crea la sensación de lo inmaterial como un escape a la prisión de la materia limitada. En este mundo un pensamiento es una expresión física de un conjunto de conexiones físicas; sinapsis y sinopsis; o sea, patrones o líneas sinápticas que se manifiestan como expresiones sinópticas.

El cerebro es una masa muy compleja y bastante impactante a simple vista, de unos 1300 o 1400 gramos de peso; repleto de células o fibras que llamamos neuronas y sus extensiones o prolongaciones que las conectan y neurotransmisores, neuromoduladores y hormonas que las disparan o inhiben. Se estima que un cerebro humano tiene más o menos 100 mil millones de neuronas con una cantidad mucho mayor (trillones o cuatrillones) de conexiones (de 1000 a 10000 por cada neurona típica), a través de procesos conocidos como sinapsis.

Los avances más importantes en la investigación neurológica a través de nuevas tecnologías no invasivas de observación como resonancias magnéticas o tomografías simples y contrastadas, pasivas o funcionales, así como el aprendizaje o desarrollo de nuevas neuronas (neurogénesis) o nuevas conexiones (neuroplasticidad) observadas en cerebros físicamente dañados que son capaces de recuperar funciones cognitivas y no-cognitivas en áreas o secciones del cerebro que se pensaban dañadas o destinadas a otras funciones, nos permiten deducir el enorme potencial de crecimiento cuantitativo, pero sobre todo cualitativo (selectivo) del cerebro a lo largo de su vida fisiológica.

Pero en el centro del debate filosófico, psicológico y neurológico está la discusión si un ente ciento por ciento material (cerebro) es capaz de crear un ente inmaterial (mente), no tan visiblemente complejo como el primero, pero más complicado.

Si uno es esotérico, por supuesto que lo inmaterial, la luz universal, la fuente universal de toda vida y los ángeles existen; si uno es religioso, existe también el “cerebro espiritual”, que trasciende lo físico y de alguna manera sublima o condena la existencia humana; pero si uno es científico, una masa material es una masa material, que no puede dar pie a una existencia metafísica; en este mundo, la mente es un fenómeno físico, no inmaterial y mucho menos espiritual.

En ese sentido estricto la psicología no es más que una extensión de la neurología. Los traumas, los miedos, las pasiones, los deseos, la euforia, la depresión, el amor, la alegría, la tristeza, el odio, la envidia, y otras tantas cosas, no son más que productos de procesos neurológicos, de neuronas que se dispararon juntas y pegaron juntas. Son patrones de conexiones neuronales derivados de la interacción genética y ambiental a la que están sujetos los cerebros (seres humanos).

En el mundo ambientalista, las experiencias ricas o diferentes de aprendizaje pueden detonar nuevos patrones neuronales, y, por tanto, nuevos aprendizajes, nuevas conductas. ¿Es acaso cierto que el ambiente puede modificar el cerebro? ¿Quiere esto decir que la mente es capaz, por sí misma, de modificar al cerebro? ¿Es la mente más poderosa que el cerebro? ¿Existe el cerebro de Buda? Es decir, que un proceso mental sea capaz de modificar un proceso cerebral. En el mundo de la neurología sí es posible, siempre y cuando el proceso mental sea considerado físico también; o sea, producto del proceso cerebral. Aquí, la mente no es más que un efecto de los procesos químico-biológicos del cerebro. Pensamos lo que somos; no somos lo que pensamos.

Aún en este mundo físico, donde la mente es materia; la mente, que es un efecto del cerebro, por una exquisita aunque infinitamente compleja estructura y función cerebral, es capaz de rebobinar el circuito o cableado cerebral, al intentar nuevos aprendizajes; como caminar para atrás; lavarse los dientes con la mano izquierda si uno es diestro; escribir de derecha a izquierda o aprender un nuevo idioma, o leer un libro nuevo, o caminar y trabajar en lugar de echarse o flojear, o nutrirse saludablemente, o llevar una vida con carga ligera.

El misterio es que el cerebro humano es capaz de crear una fuerza que parece inmaterial pero no lo es, y que es capaz de rebobinarlo como la mano que se pinta a sí misma de Escher; o la imagen que se ve a sí misma, o el ojo que ve lo que ve de Magritte. La mente es el instrumento del cerebro para crear y recrear; para inventar, innovar; modificar patrones. Pero la mente para ser activa requiere voluntad. Y la voluntad es otra de esas creaciones del cerebro que es difícil asir.

Mente y cerebro son la misma cosa y son diferentes a la vez. Las implicaciones de este conocimiento llegan a la educación y a las escuelas de manera lenta pero consistente.  Poco a poco aprendemos cómo aprende el cerebro y qué hábitos mentales pueden ayudarnos a desaprender lo aprendido para aprender nuevas cosas. Cuando un maestro le pregunta a un alumno “¿qué sabes sobre la mejor forma de hacer tal o cual cosa; o qué sabes sobre el contexto de la Revolución Mexicana?” Lo que hace en realidad es recibir información diagnóstica de las creencias (“conocimientos verdaderos o falsos”) del niño. Si sus creencias son mitos, el camino es desaprender. Si sus creencias son ciertas el camino es reforzar. Lo mismo ocurre con nuestros miedos, traumas y angustias; motivación, flojera y actitudes. El psicólogo del aprendizaje trata de escudriñar para llevarnos por un nuevo aprendizaje. En neurología, esto es recablear o rebobinar las conexiones neuronales. Es como administrar el cerebro; o dicho de otra manera, administrar la inteligencia, el conocimiento y el aprendizaje. La creación de ambientes de aprendizaje está en el centro de esta fascinante discusión.

El autor es profesor-investigador visitante de la Escuela Steinhardt de Cultura, Educación y Desarrollo Humano de la Universidad de Nueva York y autor del libro: Teachers’ Perspectives on Finnish School Education: Creating Leaning Environments. Springer. Switzerland. 2014. (http://buff.ly/KvVFBH)