¿Pantallas o no pantallas? Esa NO es la pregunta

¿Pantallas o no pantallas? Esa NO es la pregunta

Por Eduardo Andere M.

Papás y maestros de todo el mundo lucubran sobre qué tanto los niños y jóvenes deben estar pegados a la pantallas. Los niños y jóvenes de hoy pasan frente a las pantallas hasta 11 horas al día y muchas veces en modo multitasking. Más tiempo frente a pantallas y más multitasking, son dos nuevos hábitos del siglo XXI cuya evidencia sostiene que reduce el aprendizaje profundo y el bienestar físico y mental. Además, el multitasking disminuye la productividad en los adultos.

Sin embargo, la marcha digital es imparable. Existe un rosario de publicaciones en contra del uso ilimitado de las pantallas y una lista, menos abundante, a favor. Casi todos los que están en contra concluyen que la era de la “digitalización”, o como otros la denominan, la era de la “distracción” provoca que seamos más superficiales, más aislados, menos críticos, menos creativos, más adictos, menos lectores, y menos deportistas.  Otros concluyen que la era de las pantallas o digital no solo ha aumentado la inteligencia de la humanidad en la mayoría de los países, sino que la seguirá aumentando, en la medida que la digitalización y la tasa a la que los cerebros de los niños recibirán nueva información y nuevos productos crezcan.

No es lo mismo vivir en un mundo donde los cambios tecnológicos tardaban milenos o siglos, a uno donde esos cambios ocurren varias veces en un año. La digitalización es una navaja de dos filos: por un lado, podría aumentar la misma arquitectura de las conexiones neuronales en el cerebro y, quizá, la inteligencia misma, y, por el otro, hacernos más superficiales y menos inteligentes.

¿Cómo, una misma tecnología nos puede hacer más y menos inteligentes? En semanas recientes se han publicado varios artículos en la prensa que resaltan los efectos negativos del uso de los teléfonos inteligentes, entre ellos, el que señala que “El contacto humano es un lujo”. En contraste otro columnista también del New York Times, nos dice que “No me importa: Amo mi teléfono”.

En Sillicon Valley crece el rumor de que ejecutivos y creadores de la era digital les han prohibido el uso de pantallas como teléfonos y tabletas a sus hijos pequeños. Hay quienes sostienen que la nueva tecnología digital en forma de pantalla secuestra nuestras mentes y nos hace adictos. La digitalización y el uso masivo de datos también ha llegado a nuestra vida diaria a través de las empresas de auto-servicio digitales y físicas. Sin que lo sepamos, cada vez que compramos un producto dejamos un registro, que buscamos algo en internet, que utilizamos tarjetas de crédito, de débito o de lealtad dejamos una huella para siempre que es utilizada por las empresas para personalizar la publicidad a través de las pantallas y los cupones.

La Academia Americana de Pediatría y el Organización Mundial de la Salud, recomiendan No usar o usar moderadamente, pero nunca en modo “solo”, las pantallas para infantes entre 0 a cinco años. Por otro lado, el Colegio Real de Pediatría del Reino Unido, con una postura menos estricta deja la decisión a los padres de familia en función de cada hijo y qué tanto el estar con las pantallas elimina el sueño, aumenta la conducta sedentaria y el consumo de comida chatarra o reduce la interacción humana.

Con todo, la marcha es imparable y, nos guste o no, los niños del sigo XXI viven, desde que nacen, en un ambiente digital aunque no precisamente de aprendizaje, porque como me dijo la directora de una escuela finlandesa hace pocos días, “cuando llegan aquí a esta preparatoria, a pesar de que usan el teléfono todo el día, son iletrados digitales”.

A todo ello hay que sumar la inundación de publicidad de empresas tecnológicas y digitales, con sus nuevos artilugios y aplicaciones, que resaltan, en sus campañas, los beneficios “maravillosos y apetitosos” de sus productos.

¿Cómo podemos padres de familia, maestros, educadores y autoridades reconciliar esta batalla entre más y menos pantalla? Afortunadamente, existen puntos de encuentro.

Primero, uno debe escuchar más las voces de autores neutrales que las de quienes nos tratan de vender un producto, ya sea un artilugio, una aplicación o un método de aprendizaje. ¿Por qué? Por conflicto de interés. Los que tratan de vender un producto siempre lo presentarán como una maravilla; es parte de su misión.

Segundo, buscar la recomendación de la comunidad académica o de las organizaciones profesionales como las de pediatría, o internacionales como la Organización Mundial de la Salud, o los informes con base científica de instituciones como la OCDE o el Banco Mundial, siempre mediadas con el ojo crítico y neutral de pensadores académicos.

Tercero, reconocer que no podemos detener o negar la marcha tecnológica, y que todavía no sabemos el efecto que la digitalización a ultranza y las realidades virtuales y aumentadas ocasionarán en la arquitectura neuronal de los niños. Lo que sí sabemos, con certeza, es que la digitalización no debe sustituir a la interacción humana (los bebés y niños aprenden más con interacción humana directa que con programas digitales), ni a la actividad y juego físicos, ni a las horas de sueño, ni a los hábitos de comida, ni a la fascinación con la naturaleza.

La digitalización y las pantallas son un gran complemento no un sustituto. La respuesta no es No a las pantallas, sino cómo y con qué supervisión y conocimiento se deben usar.

Más sobre el tema en el Seminario Ambientes físicos y pedagógicos para el aprendizaje, la motivación y la creatividad, este sábado 8 de junio en la Cd Mx. Últimos dos días para inscribirse

Mejor Ambiente de Aprendizaje del Siglo XXI

Mejor Ambiente de Aprendizaje del Siglo XXI. Turku, Finlandia.

Esta es otra escuela nueva, reluciente, pensada en el aprendizaje y en las llamadas habilidades del siglo XXI.

No todas esas habilidades son nuevas, pero algunas sí los son. Es sorprendente cómo pedagogía y arquitectura conversan para dar lugar al conocimiento y el aprendizaje.

 

Sabemos que la infraestructura, según la literatura de la economía de la educación, es lo que menos importa para el desempeño escolar en pruebas estandarizadas.

Pero también sabemos que los ambientes de aprendizaje son extraordinariamente importantes para el desarrollo emocional y cognitivo de los niños, más allá de las pruebas. ¿Cómo? ¿Por qué?

 

Además, ¿una escuela del siglo XXI, digitalizada, de la IV revolución industrial, que no permite los teléfono en el aula? ¿Qué?

 

Respuestas en mi seminario del 8 de junio próximo. Informes aquí:  SEMINARIO

La escuela más moderna del mundo

¡La escuela más moderna del mundo! Turku, Finlandia. Hoy fue un día excepcional. En turno, la escuela que probablemente es la más moderna del mundo. Tradicional y ultramoderna; amplia y orientada completamente a los niños y a los maestros.

Una vez más arquitectura y pedagogía se fusionan, como también se fusionan las letras en papel y las letras digitales; donde las realidades reales y virtuales cobran, por fin, sentido.

Adiós a las pantallas inteligentes, bienvenidas las pantallas táctiles hidráulicas; adiós a los espacios abiertos, bienvenidos los espacios multimodales; adiós a las salas de cómputo, bienvenida la digitalización versátil. Aún así el maestro y la maestra permanencen, pero son docentes completamente diferentes.

El cambio en el maestro va mucho más rápido que la más audaz imaginación de los políticos. ¿Por qué? Bueno, estas aseveraciones y preguntas serán parte de mi próximo seminario el día 8 de junio de 2019 en la Cd de Mx.

Información aqui: https://eduardoandere.blog/2018/11/22/seminario-crianza-educacion-y-aprendizaje/

Crianza, escuela y aprendizaje

Crianza y Escuela:

Si quieres saber cómo la crianza se relaciona con el aprendizaje, cuál es la mejor manera, cuándo y cómo, de enseñar valores y emociones; qué tipo de escuela es mejor para mis hijos, qué tipo de método pedagógico es más apropiado, cuál es la mejor forma de escuela y aula en la era digital, cómo serán las escuelas del futuro, cuál es la diferencia entre criar y enseñar y entre enseñar y aprender, cuál es la diferencia entre educar para ganar y educar para crecer y cuál es el verdadero papel de la tecnología digital en la educación de los niños y jóvenes, este seminario es para ti. Más informes en: BLOG o PÁGINA. Pocos días para inscribirse a precio reducido. A la primera persona interesada en participar que nos diga vía el BLOG del Dr. Andere o la página de Facebook del Dr. Andere, el título y autor de la pintura representada en la fotografía recibirá un 15% de descuento para asistir al seminario.

Los niños y los medios electrónicos ¿Qué dice la evidencia?

¿Es bueno o malo que los niños y jóvenes vean mucha televisión o usen artilugios como iPads, tabletas y teléfonos inteligentes antes de los 19 años?

Por Dr. Eduardo Andere M.

La respuesta en general es malo. Si los niños tienen dos años o menos la recomendación es que no tengan ninguna exposición a los medios electrónicos. Si los niños tienen más de dos años pero menos de 18 la exposición debe ser limitada en tiempo y supervisada en calidad.  A partir de los 20 o 21 años de edad, el cerebro ya está maduro (inhibido cognitivamente) y “listo” (ya puede hacer análisis de costo-beneficio) para tomar sus propias decisiones.

Ya en 2011, en la primera impresión de mi libro “La cultura del aprendizaje: hogar y escuela del siglo XXI” (páginas 81 a 83 y 232 a 233) La cultura del aprendizajemencionaba yo la advertencia de la comunidad científica y de los reportes de organizaciones interesadas en la salud física y mental de los niños, por ejemplo, la Academia Americana de Pediatría (AAP), de limitar y supervisar el acceso y uso de los niños y jóvenes a los medios electrónicos. En 2016 la AAP actualizó sus recomendaciones pero sostiene todavía el ejercicio de mucha cautela y moderación hacia de las pantallas digitales por parte de los niños.

La comunidad científica y la AAP han continuado con sus investigaciones y sus conclusiones son, limitar, al menos, el acceso y uso de los niños a los medios electrónicos, incluyendo TV, artilugios y computadoras. Inclusive, la advertencia también va para los adultos (padres de familia de Estados Unidos, con niños de ocho o menos años de edad) que, según los reportes de investigación, pueden estar con los artilugios y medios un poco más 11 horas al día en sus tiempos libres (Universidad Northwestern, Centro de Medios y Desarrollo Humano (Parenting in the age of digital technology).

¿Qué daños potenciales ha descubierto la ciencia en el uso inadecuado o excesivo de estos artilugios? Dos organizaciones, una de Estados Unidos (Huffington Post: 10 reasons why handheld devices should be banned for children…) y otra de Canadá (Zone in: A research review regarding the impact of technology on child development…) han hecho una recolección con acceso amigable de diversos resultados de investigación y los resumen de la siguiente manera:

  1. Déficit de atención y falta de autorregulación
  2. Desarrollo más lento en habilidades de aprendizaje
  3. Obesidad
  4. Privación de horas de sueño
  5. Diversas enfermedades mentales como depresión, desorden bipolar, ansiedad
  6. Agresión
  7. Demencia digital
  8. Adicción a la tecnología
  9. Radiación
  10. Miopía
  11. Sedentarismo
  12. Aislamiento

La tecnología llegó para quedarse y es un excelente instrumento en buenas manos. La tecnología per se, es inocua, su uso o uso excesivo o inadecuado es lo que puede dañar el desarrollo natural del cerebro y la mente de los niños.

Dado que los niños entre 8 y 18 años de edad (Kaiser Family Foundation: Generation M2), pueden estar con los medios, principalmente los electrónicos entre 8 y 11 horas al día, un reporte de 2013 de la AAP (Children, adolescents, and the media) sugiere lo siguiente:

  1. Cero exposición a los medios electrónicos entre los 0 y 2 años de edad
  2. Limitar entre 1 y 2 horas al día el acceso a medios electrónicos para fines de entretenimiento
  3. Mantener fuera de la habitación de los niños las televisiones y otros aparatos conectados a Internet
  4. Monitorear lo que los niños acceden vía Internet, inclusive las redes sociales
  5. Ver juntos, padres e hijos, la tele, los videos y las películas o series y discutir los valores familiares
  6. Establecer “toques de queda” en el hogar para el uso de artilugios, por ejemplo, durante las comidas y las horas de sueño
  7. Establecer reglas razonables pero firmes sobre el uso de teléfonos, Internet, medios sociales, texting, etc.

Como vemos, muchas cosas debemos hacer tanto padres de familia, adultos y autoridades educativas antes de regalar a diestra y siniestra las tabletas y otros artilugios y evitar a todas luces la negligencia digital hacia los niños y jóvenes.

La tecnología llegó para quedarse, pero el uso de la tecnología debe educarse.

 

Educación a distancia o educación presencial ¿Qué es mejor?

¿Cuáles son mejores: las escuelas cibernéticas o las escuelas de ladrillo?

Por Eduardo Andere M.

Un debate actual en educación es el del uso de las tecnologías de información y comunicación (TIC) en las escuelas y universidades. Nadie le dice que no a la tecnología, su marcha es imparable.

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Pero, ¿qué dice la evidencia al respecto?

  1. En general, y en condiciones comparables (ceteris paribus), los niños de escuelas de ladrillo y concreto obtienen mejores resultados que los niños de escuelas que favorecen más que proporcionalmente la educación a distancia, cibernética, de aula invertida o híbrida. Esto es especialmente cierto para el caso de niños que provienen de familias socioeconómicamente desfavorecidas.
  2. A nivel medio superior y superior, la universidad a distancia beneficia más a los jóvenes que no la necesitan, es decir, los que asisten a educación presencial, que a los que la necesitan, es decir, los que no asisten a educación presencial.
  3. Entonces, ¿por qué los gobiernos de todo el mundo insisten, por un lado, en repartir computadoras y tabletas en escuelas básicas y, por el otro, en ofrecer educación a distancia para aumentar la cobertura en educación media y superior?

Mis comentarios:

  1. Las computadoras y los programas de software por muy poderosos y amigables que sean, deben saberse utilizar con inteligencia, creatividad y profundidad. Para ello, la vieja y famosa interacción entre el adulto mediador responsable y conocedor (maestro) y el aprendiente (discípulo), sigue siendo, hasta ahora, la mejor fórmula. Esto es especialmente cierto en los casos de niños de familias menos favorecidas socioeconómicamente porque en estos casos los aprendientes tienen menos oportunidades para el aprendizaje que sus compañeros más favorecidos. Estas oportunidades son: mejores maestros, mejores recursos educacionales, más y mejores actividades extra-escolares, más presión para el desempeño escolar, mejores hábitos.
  2. Precisamente los jóvenes que quedan fuera de las escuelas y universidades de ladrillo y concreto son quienes menos saben estudiar; son precisamente los que más necesitan de un maestro y mentor. Y los mejores estudiantes de secundaria y preparatoria que acuden a las mejores instituciones de educación media y superior, son quienes mejor manejo tienen de los métodos y estrategias de estudio. Ellos saben cuánto estudiar, qué estudiar, cómo estudiar y están motivados. Ellos sabrían mejor que sus compañeros fuera del ladrillo y concreto dónde buscar la información y cómo estudiarla para entenderla y aprenderla.
  3. En el caso de la educación básica los gobiernos regalan artilugios porque los estudios de factores asociados al aprendizaje indican que los niños que tienen más acceso a computadoras en las escuelas y sus casas, obtienen mejores resultados en pruebas estandarizadas. Lo mismo es cierto con los libros. Los niños que tienen más libros en sus casos por lo general obtienen mejores resultados en pruebas estandarizadas como PISA, Enlace, Excale y similares. Pero esto es una variable condicionada: tantos las computadoras y tabletas como los libros deben utilizarse y leerse adecuadamente. Para ello, se requiere educación y  maestros. De otra manera, si la variable fuera directa, pues la autoridad debería entregar computadoras, tabletas y libros a diestra y siniestra y cerrar las escuelas. En el caso de educación media y superior, los gobiernos están fascinados con la opción digital no porque sea la mejor sino porque es la más barata. Pero esta falacia hará crecer la brecha entre los que saben y los que no saben. En la era del conocimiento, a la desigualdad en ingreso y riqueza, tendremos que agregar la desigualdad en el conocimiento.

Por tanto, es preciso entender lo que nos dice la evidencia científica y el sentido común para evitar políticas públicas erróneas y costosas.

Colofón: La destreza en el manejo de un artilugio no necesariamente implica el uso inteligente y creativo.