El cerebro de AMLO y el poder

 López Obrador ganó, pero la victoria no es suficiente. Quiere más. ¿Qué sucede en el cerebro de AMLO? Si le preguntásemos a un neurólogo nos diría que el presidente, como muchos otros líderes que nunca se sacian, está cargado de dopamina. Las personas con exceso de dopamina se les conoce como dopaminérgica, quieren más. La dopamina es la hormona del deseo, de la motivación, del esfuerzo, cuya recompensa es el placer, pero también es el neurotransmisor de la ambición, de la insatisfacción eterna, de la conquista interminable. Sin embargo, querer más y más cruza límites.

 

Con frecuencia escuchamos que los políticos solo quieren poder. Eso es correcto. Vamos, es la esencia del político. No obstante, el punto crucial no es el poder per se sino qué se hace con el poder, y ahí está la diferencia entre el demagogo y el estadista. El primero, hace lo que hace para engrandecer su poder y su ego y utiliza cualquier cantidad de subterfugios, simulaciones y tergiversaciones para lograrlo. El segundo, utiliza el poder para engrandecer a la nación en el largo plazo. El primero es un narciso; el segundo, un visionario.

 

El narciso se rodea de personas que lo adulan, abrazan, condescienden; nunca le contradicen y menos le critican. Por ello, sus seguidores y subalternos tienen que ser chiquitos en pensamiento y acción crítica; deben ser sumisos. El narciso siempre es el centro de la fiesta. Esto cae como anillo al dedo para la persona dopaminérgica que necesita aplausos y flash y cámaras para alimentar a un ego insaciable. Quizá de ahí provenga la razón neurológica y psicológica de las mañaneras.

 

Todos los seres humanos somos egoístas—tenemos 3.7 trillones de razones (células en el cuerpo) para serlo—y, por tanto, tenemos algo de narciso; pero en exceso, el narciso patológico puede ser extremadamente dominante y dañino. Al creer las adulaciones no escucha a sus críticos porque fundamentalmente cree en la trascendencia de su legado por sí mismo o interpósita persona, en este caso su sucesora, que conociendo bien el tema que nos ocupa, no se atreve, no quiere o no puede sobresalir. Los que no lo siguen son enemigos y es preciso atizarles, empequeñecerlos, humillarlos para que no sobresalgan en el paraíso de los narcisos.

 

En la historia de México hemos visto a muchos políticos narcisos. Ellos construyeron un México con una concentración excesiva de poder. Pero ese exceso de poder engendró un México corrupto, poroso, débil, ignorante, burocrático, con pésimos servicios públicos federales, estatales y municipales, donde las cosas se arreglan y funcionan en una especie de “mercado” de sobornos, dádivas, influencias, vericuetos, argucias, y, por supuesto, opacidad, criminalidad e impunidad. Así, el México del siglo XX fue un México de instituciones débiles y políticos ultra ambiciosos.

 

El México del siglo XXI empezó a reconstruirse con instituciones más sólidas, que buscaban minimizar la centralización del poder, limpiar los coágulos de la corrupción y permitir la alternancia política, epítome de la democracia. Empezó a ver la luz, tenue y pálida pero luminosa.

 

López Obrador quizá se dé cuenta, quizá no, de que llegó al poder gracias a esas instituciones independientes y autónomas. Antes del año 2000 su afán conquistador habría sido truncado. Quizá se dé cuenta, quizá no, de que reconcentrar el poder y desmantelar la quintaesencia de la democracia, es decir, la división de poderes y la autolimitación del poder propio a través de órganos autónomos, es regresar al México del oscurantismo, de la corrupción profunda, de la vida opaca, triste y desesperanzadora.

 

AMLO no solo ha gozado del dominio del Poder Ejecutivo, como corresponde en un sistema presidencialista, sino que amasó el dominio total del Poder Legislativo, y encontró la manera, con el connubio de seguidores acríticos, de socavar al Poder Judicial. Esto no es democracia por ningún lado, sino parafraseando a Octavio Paz, La Gran Simulación. Las tres columnas que sostienen la democracia tienen que ser igualmente sólidas. Punto. No hay de otra. Que un político diga que es demócrata cuando desmantela el equilibrio de los poderes es falso y antitético y, además, sin darse cuenta, siembra las semillas de su propia destrucción. De la misma manera que el PRI lo hizo.

 

La pregunta, para la intimidad del presidente, como ser humano o como político, es: “¿Qué México quiere?” Un demócrata auténtico diría: un México justo, unido con el equilibrio de poderes. Como diría la frase cliché, pero correcta: “nada con exceso, todo con medida.” La herencia más grande de AMLO para México sería la democracia. De otra manera la historia lo enjuiciará , tarde o temprano. Una 4T sin democracia auténtica es una ventisca en el tiempo; su nombre no entrará al pabellón de los personajes ilustres y su mandato e ideología le hará al desarrollo de México lo que “el viento a Juárez”. Todavía es tiempo, pero el tiempo es lo que menos importa para un político con exceso de poder.

 

4 respuestas a “El cerebro de AMLO y el poder”

  1. Avatar de Manuel Mancera Tejadilla
    Manuel Mancera Tejadilla

    «Sparkling clear» diría un angloparlante. Sin embargo aun me pregunto si el presidente es en verdad un perverso narcisista o sus limitaciones intelectuales le hacen creer que en verdad es un transformados benévolo.

    Saludos doc.

    1. Gracias Manuel por comentar! Saludos

      1. Avatar de Andrés López castro
        Andrés López castro

        ha tejido una empatía con la pobreza de México a cambio de votos y se rodea de aduladores, desmanteló el sector salud y la educación la llevo a una ideología ya rebasada no propia del tiempo actual y menos del futuro. Y si algo le estorba lo descalifica sus seguidores actúan como feligreses y le aplauden no saben porque pero lo apoyan en lo que hace, deja de hacer o piensa hacer cuando el reloj ⌛ de su mandato se agota y no deja que Claudia sea lo que quiere ser suponiendo sin conceder. Por lo menos en otras tiempos los enviaba an a embajadas lo más lejos mejor y se deshacían diplomáticamente de su sombra .

      2. Gracias Andres por leer y comentar. Un saludo cordial.

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