Divergentes y la Educación en México y el Mundo

Divergent y la educación

Por Eduardo Andere M.

Ayer vi la película Divergent; y a pesar de que es una historia épica, futurista, similar a Hunger Games, Harry Potter y el Señor de los Anillos, su conexión con la realidad es mucho mayor.

Es una película ficticia pero no fantasiosa. Es una historia que se puede interpretar y disfrutar con diferentes ópticas. Tanto la película, como el libro, están cargadas de críticas a los sistemas educativos segregacionistas y a los gobiernos absolutistas. En ese sentido, Divergent es similar a The Lego Movie; aunque la última por ser animada, ficticia y fantasiosa esconde más su mensaje, parodia y crítica a los sistemas totalitarios y estandarizados.

Imagen

La mayoría de nosotros vamos al cine o vemos películas en casa o en la red, para distraernos, divertirnos, descansar. Pero cuando las películas tienen una filosofía de vida, social o política, el mensaje se democratiza y se escurre hacia los pasillos de todos nosotros. Son oportunidades que nos permiten ver en dramas las consecuencias de políticas públicas que parecen perfectas, honestas y eficientes, pero que están cargadas de consecuencias sociales y culturales fatales.

Divergent, es una dura crítica a la estandarización de los sistemas educativos, y sobre todo, a las pruebas de aptitud[1], aprendizaje o desempeño, que permite ordenar por listas de ranking a todos los niños y jóvenes, al grado de segregarlos, segmentarlos y estigmatizarlos por siempre, fuera de sus familias y controlados por el Estado.

La película critica también el status quo que se deriva de estas estandarizaciones que además promueven una competencia feroz por salir adelante. Una competencia amoral, insensible, cruel, donde los “incompetentes”, es decir, que no pasan las pruebas, están condenados al olvido, la muerte, y la segregación, o al mundo de los “factionless”. Los “factionless” son aquellas personas que no pasan las pruebas de aptitud, que son rebeldes, o “Divergent” (Divergentes: que discrepan), que no encajan en alguna de las cinco categorías en las que se divide a los jóvenes a partir de los 16 años de edad, según aptitudes “morales” (los honestos en Candor; los altruistas en Abnegation; los valientes en Dauntless; los pacíficos en Amity; y los inteligentes en Erudite).

Beatrice—quien se renombra como Tris—es el personaje principal del libro. Tries quien es personificada por la actriz Shaiele Diann Woodley—recordada por su papel protagonista junto con George Clooney en Los Descendientes—se angustia ante la inminencia de la prueba de aptitud y su decisión de unirse a alguna de las facciones, en las que se divide a los jóvenes. Una vez tomada su decisión a los 16 años de edad no tiene la oportunidad de cambiar; su destino está controlado, sigilosamente, por el Estado, a través de un intrincado sistema de competencia, selección y liderazgo.

Al final, el control del Estado, termina con una ciudad (Chicago) dis-tópica (anti-utópica) donde la élite gobernante controla todo, ordena todo, decide todo, mediante el uso de tecnologías de información y bioquímicas, y la separación de la población de acuerdo con sus “aptitudes” e “intereses”.

En el mundo de la realidad, lo que la película plasma, es el fuerte debate actual entre un Estado movido por la eficiencia, con ideología controladora, donde las élites saben todo y el pueblo nada, y el mundo de la pedagogía, donde el pueblo no existe, pero la persona sí; donde todo gira alrededor del crecimiento personal, la libertad, el deseo de ser y no ser; crecer, buscar y crear. La pedagogía rechaza todo modelo educativo que imponga un trayecto para los niños y jóvenes, sobre la voluntad de los niños y jóvenes de caminar por caminos nunca andados.

Son dos visiones completamente diferentes del papel de la educación: una, la estatista, controladora y eficientista, que decide por los niños, jóvenes y sus familias, y otra, la liberadora, que empodera a la persona para que decida qué hacer y a dónde ir. En la vida real no todo es dramático; pero a veces el drama nos ayuda a entender lo que sucede en la vida real.

Esta es una enorme lección para todos, pero sobre todo, para los ordenadores de sistemas educativos con gobiernos autoritarios en lo político, como algunos asiáticos no democráticos, o autoritarios en lo cotidiano, algunos occidentales que se dicen democráticos. Educar para competir y para ganar, puede tener consecuencias nefastas para los educandos y sus educadores. Si educamos para estandarizar perdemos creatividad, ingenio y curiosidad. Si premiamos el resultado de niños, jóvenes y maestros, con una simple prueba estandarizada, no sólo cometemos una enorme injusticia, sino dañamos virtudes cerebrales como el esfuerzo, la voluntad y la motivación intrínseca.

¿Como padres de familia qué queremos? ¿Niños educados en el autoritarismo mesiánico, o niños educados en la libertad?

Foto: http://veronicarothbooks.blogspot.com/p/books.html

http://eduardoandere.net

[1] http://jasonstanford.org/?p=596

¡Leer es una fascinación; no una obligación!

¡Leer es una fascinación; no una obligación!

Por Eduardo Andere M.

La lectura fascina, fastidia o preocupa.  Fascina a quienes le encuentran valor, belleza, entretenimiento y ansiedad por saber; fastidia a quienes la encuentran aburrida—los mexicanos leemos una hora (en su mayoría lectura chatarra) por cada diez horas que vemos televisión (en su mayoría televisión chatarra). Simplemente contrastemos las visitas al cine comparadas con las visitas a las bibliotecas, o museos (sobre el tema el libro: “La cultura del aprendizaje: hogar y escuela del siglo XXI”). Y preocupa a las autoridades educativas (quienes muy probablemente tampoco lean), por los bajos niveles de lectura de la población en general, incluida la escolar (alumnos, maestros y padres de familia).

¿Qué hacer? Con quienes leen poco, regular o mucho: nada; ellos y ellas, solitos, encontrarán la motivación para la lectura.

Leer no cambia con el tiempo. Observemos las dos imágenes siguientes: Una, la pintura de Corot de 1869: Una Mujer Leyendo

Imagen

Y otra la que yo intitulo “Un hombre leyendo”, (foto tomada por mi), camino a la biblioteca, (Enero 17, 2014; 12 horas; en las calles de la Ciudad de Nueva York).

Imagen

Ambas fotos son muy poderosas; por su arte o por su significado. Pero no importa qué, el tiempo, el espacio, los recursos, la lectura es una fascinación; es descubrimiento, es pasión, es conocimiento, es refugio, es vida.

Con muchos recursos, o pocos recursos, la lectura transporta a los escenarios de la vida, el conocimiento y la imaginación.

Aún así, la lectura no lo es todo; el cerebro aprende y desaprende de muchas maneras. Los hay quienes ven en la lectura un medio de aburrimiento. No todos nacimos o crecimos para leer. No todos encuentran la felicidad en la lectura. Por tanto, no debemos imponer la lectura. Hay quienes prefieren recibir conocimiento, vida e imaginación a través de otros medios: correr, pintar, cantar, bailar, esculpir, saltar, escuchar, en fin, vivir. Por supuesto que leer y bailar no se excluyen mutuamente.

Lo importante es no forzar a todo el mundo a leer, más allá de lo básico para romper la barrera de la ignorancia. Lo importante no es leer más rápido un número de palabras; ni siquiera entenderlas mejor. Lo realmente importante, es abrir el abanico de opciones entre niños, jóvenes y adultos, para aprender más y mejor cada vez; ya sea con lectura, con música, con deportes, con artes, con manualidades, con videos, con amistades desafiantes e inteligentes.

Si tu hijo no quiere leer; no es motivo de angustia; si no quiere hacer nada, preocúpate.

El verdadero enemigo no es la falta de lectura, sino el exceso de flojera.

http://eduardoandere.net

¿Qué somos: mente o cerebro?

¿Qué somos: mente o cerebro?

Por Eduardo Andere M.

No todos los neurólogos aceptan la existencia de la mente; pero ningún psicólogo niega la del cerebro. Suponiendo que mente y cerebro co-existen: ¿quién domina a quién?

No somos seres humanos provistos de un cerebro o de un encéfalo con el adyacente sistema de nervios; somos, por el contrario, encéfalos encubiertos por una vestimenta, epidermis, que le da forma o contiene a lo que hemos llamado “ser humano” . Es una prenda maravillosa que se ostenta en diferentes colores, tamaños, magnitudes y géneros. No es el ser humano el que controla a uno de sus órganos, i.e., el cerebro, sino todo lo contrario.

Si lo pensamos bien, y nos vemos tal y como es la máquina bioquímica que nos da vida y movimiento, en realidad, somos entes encefálicos, como alienígenos que deambulamos por las calles, entre aparadores y cruceros, para comprar vestimentas. ¡Pensemos en ello! No hay mente sin cerebro; pero sí hay cerebro sin mente. Ninguno pensamiento escrito o narrado existe sin un cerebro consciente. Ni siquiera el sentimiento existe, a menos que pensemos en ello. No hay un espíritu flotando por ahí que crea pensamientos y sentimientos, sino más bien una masa material (medible en peso y tamaño) que crea la sensación de lo inmaterial como un escape a la prisión de la materia limitada. En este mundo un pensamiento es una expresión física de un conjunto de conexiones físicas; sinapsis y sinopsis; o sea, patrones o líneas sinápticas que se manifiestan como expresiones sinópticas.

El cerebro es una masa muy compleja y bastante impactante a simple vista, de unos 1300 o 1400 gramos de peso; repleto de células o fibras que llamamos neuronas y sus extensiones o prolongaciones que las conectan y neurotransmisores, neuromoduladores y hormonas que las disparan o inhiben. Se estima que un cerebro humano tiene más o menos 100 mil millones de neuronas con una cantidad mucho mayor (trillones o cuatrillones) de conexiones (de 1000 a 10000 por cada neurona típica), a través de procesos conocidos como sinapsis.

Los avances más importantes en la investigación neurológica a través de nuevas tecnologías no invasivas de observación como resonancias magnéticas o tomografías simples y contrastadas, pasivas o funcionales, así como el aprendizaje o desarrollo de nuevas neuronas (neurogénesis) o nuevas conexiones (neuroplasticidad) observadas en cerebros físicamente dañados que son capaces de recuperar funciones cognitivas y no-cognitivas en áreas o secciones del cerebro que se pensaban dañadas o destinadas a otras funciones, nos permiten deducir el enorme potencial de crecimiento cuantitativo, pero sobre todo cualitativo (selectivo) del cerebro a lo largo de su vida fisiológica.

Pero en el centro del debate filosófico, psicológico y neurológico está la discusión si un ente ciento por ciento material (cerebro) es capaz de crear un ente inmaterial (mente), no tan visiblemente complejo como el primero, pero más complicado.

Si uno es esotérico, por supuesto que lo inmaterial, la luz universal, la fuente universal de toda vida y los ángeles existen; si uno es religioso, existe también el “cerebro espiritual”, que trasciende lo físico y de alguna manera sublima o condena la existencia humana; pero si uno es científico, una masa material es una masa material, que no puede dar pie a una existencia metafísica; en este mundo, la mente es un fenómeno físico, no inmaterial y mucho menos espiritual.

En ese sentido estricto la psicología no es más que una extensión de la neurología. Los traumas, los miedos, las pasiones, los deseos, la euforia, la depresión, el amor, la alegría, la tristeza, el odio, la envidia, y otras tantas cosas, no son más que productos de procesos neurológicos, de neuronas que se dispararon juntas y pegaron juntas. Son patrones de conexiones neuronales derivados de la interacción genética y ambiental a la que están sujetos los cerebros (seres humanos).

En el mundo ambientalista, las experiencias ricas o diferentes de aprendizaje pueden detonar nuevos patrones neuronales, y, por tanto, nuevos aprendizajes, nuevas conductas. ¿Es acaso cierto que el ambiente puede modificar el cerebro? ¿Quiere esto decir que la mente es capaz, por sí misma, de modificar al cerebro? ¿Es la mente más poderosa que el cerebro? ¿Existe el cerebro de Buda? Es decir, que un proceso mental sea capaz de modificar un proceso cerebral. En el mundo de la neurología sí es posible, siempre y cuando el proceso mental sea considerado físico también; o sea, producto del proceso cerebral. Aquí, la mente no es más que un efecto de los procesos químico-biológicos del cerebro. Pensamos lo que somos; no somos lo que pensamos.

Aún en este mundo físico, donde la mente es materia; la mente, que es un efecto del cerebro, por una exquisita aunque infinitamente compleja estructura y función cerebral, es capaz de rebobinar el circuito o cableado cerebral, al intentar nuevos aprendizajes; como caminar para atrás; lavarse los dientes con la mano izquierda si uno es diestro; escribir de derecha a izquierda o aprender un nuevo idioma, o leer un libro nuevo, o caminar y trabajar en lugar de echarse o flojear, o nutrirse saludablemente, o llevar una vida con carga ligera.

El misterio es que el cerebro humano es capaz de crear una fuerza que parece inmaterial pero no lo es, y que es capaz de rebobinarlo como la mano que se pinta a sí misma de Escher; o la imagen que se ve a sí misma, o el ojo que ve lo que ve de Magritte. La mente es el instrumento del cerebro para crear y recrear; para inventar, innovar; modificar patrones. Pero la mente para ser activa requiere voluntad. Y la voluntad es otra de esas creaciones del cerebro que es difícil asir.

Mente y cerebro son la misma cosa y son diferentes a la vez. Las implicaciones de este conocimiento llegan a la educación y a las escuelas de manera lenta pero consistente.  Poco a poco aprendemos cómo aprende el cerebro y qué hábitos mentales pueden ayudarnos a desaprender lo aprendido para aprender nuevas cosas. Cuando un maestro le pregunta a un alumno “¿qué sabes sobre la mejor forma de hacer tal o cual cosa; o qué sabes sobre el contexto de la Revolución Mexicana?” Lo que hace en realidad es recibir información diagnóstica de las creencias (“conocimientos verdaderos o falsos”) del niño. Si sus creencias son mitos, el camino es desaprender. Si sus creencias son ciertas el camino es reforzar. Lo mismo ocurre con nuestros miedos, traumas y angustias; motivación, flojera y actitudes. El psicólogo del aprendizaje trata de escudriñar para llevarnos por un nuevo aprendizaje. En neurología, esto es recablear o rebobinar las conexiones neuronales. Es como administrar el cerebro; o dicho de otra manera, administrar la inteligencia, el conocimiento y el aprendizaje. La creación de ambientes de aprendizaje está en el centro de esta fascinante discusión.

El autor es profesor-investigador visitante de la Escuela Steinhardt de Cultura, Educación y Desarrollo Humano de la Universidad de Nueva York y autor del libro: Teachers’ Perspectives on Finnish School Education: Creating Leaning Environments. Springer. Switzerland. 2014. (http://buff.ly/KvVFBH)