¿Cómo nominar a candidatos ganadores?

¿Cómo nominar a candidatos ganadores y por qué Donald Trump no ganará?

Por Eduardo Andere M.

Cabeza de Sócrates

Hasta los “mejores” candidatos pierden las elecciones. ¿Cómo se ganan la campañas políticas o las posiciones de liderazgo en las organizaciones o la sociedad?

En democracias verdaderas no es suficiente tener buenas ideas ni ser el político ideal. Primero, los partidos políticos deben saber nominar al candidato ganador. ¿Cómo? La evidencia científica sostiene que las características o rasgos positivos de los líderes de las organizaciones, políticas o no, tienden a ser significativamente sobreestimados, cuando la persona designada para una contienda es seleccionada por sus correligionarios. En la política, entre más cercano es uno al candidato menor capacidad de elección uno tiene. Irónico, pero cierto. La evidencia parece sostener, ceteris paribus, que cuando dos extraños han compartido una comida ambos podrían percibirse más atractivos de lo que son. En otras palabras, la familiaridad aumenta la percepción de la atracción. Aterrizado a la política los militantes de un partido son los menos indicados para seleccionar a su candidato porque sobreestimarán sus cualidades.

Tampoco es el líder de una organización quien puede designar a su sucesor para una contienda democrática. Esto es especialmente cierto en culturas donde la distancia de poder es grande. México, según el estudio seminal de Hofstede (http://geert-hofstede.com/mexico.html), es uno de los países con mayor distancia de poder. ¿Qué significa esto? Que los subordinados aceptan la desigualdad en la distribución del poder; el poderoso es poderoso no por sus virtudes sino por la sumisión de los gobernados. En estas circunstancias el líder de estas sociedades u organizaciones tenderá a sobreestimar su verdadero valor.

Dicho eso, ¿quién y cómo deben los partidos políticos o las organizaciones elegir a sus candidatos o líderes ganadores? La ciencia nos dice que deben ser los correligionarios de los partidos de oposición o electores potenciales si es que éstos no son cercanos al líder por elegir: la familiaridad tiende a sobreestimar las virtudes físicas y no físicas de los líderes. Por tanto y por ejemplo, en la política, no deben ser los militantes ni los jerarcas del PRI los que elijan a sus candidatos sino una combinación ponderada de los militantes de otros partidos; lo mismo aplicaría para el PAN, el PRD y demás. Claro está que al seguir este método, los estrategas deben evitar partidos políticos cercanos con el partido en cuestión. No le sirve de mucho al PRI pedirle al PVEM que elija a sus candidatos.

Ahora bien, una vez seleccionado el candidato ¿cuál es la mejor estrategia electoral? El siguiente argumento supone una contienda auténticamente democrática sin corrupción ni artimañas.

La mejor estrategia sería la misma que utilizan las compañías de cerveza, las líneas aéreas, las tiendas departamentales, las cadenas de radio o televisión cuando establecen físicamente sus tiendas, campañas publicitarias, horarios de vuelos, o atención a clientes. ¿Por qué todos los noticieros prime empiezan y terminan más o menos a la misma hora? ¿Por qué las líneas aéreas programan sus vuelos a la misma hora para los mismos destinos? ¿Por qué los vendedores ambulantes tienden a ubicarse cerca unos con otros cuando venden los mismos productos? Respuesta: para ganarse el mayor número de consumidores o votantes posibles.

Por ejemplo: imaginemos una playa con una extensión dada (digamos 200 metros). A esta extensión la llamaremos espectro (por analogía bien podría ser el espectro ideológico de partidos políticos). En un extremo de la playa, el izquierdo, se ubica la cerveza “X”; en el otro extremo, el derecho, la cerveza “Y”. Por razones de costo, uno pensaría que, en igualdad de circunstancias o en duda (desconocimiento sobre la calidad del producto), los “playistas” cercanos a la cerveza “X” consumirán más la cerveza “X”, y los cercanos a la “Y”, la cerveza “Y”. Dándose cuenta de esta realidad el dueño de la cerveza “X” empezará a desplazarse lentamente hacia el centro del espectro con la premisa de que tiene asegurados todos los clientes a su izquierda y que, por tanto, cada movimiento hacia el centro aumentará el número de consumidores. Pero en un mundo racional y con información suficiente, el dueño de la cerveza “Y” hará lo propio y se desplazará hacia el centro, hasta que los dos se ubiquen en el centro de la playa o el espectro. Aquí venderá el que sea más atractivo y será más atractivo el que es seleccionado por quienes le son menos familiares. El más atractivo para los no familiares ganará.

En conclusión y, parafraseando a Macchiavello, los príncipes de todo México y el mundo tienen esta información y pueden usarla para bien o para mal según beneficie a sus intereses.

Bajo este análisis Donald Trump no es un candidato ganador; primero, porque es un candidato entronizado, nada más, por sus seguidores, quienes naturalmente sobre-estiman sus rasgos; segundo, porque cada día en lugar de moverse hacia el centro se desplaza hacia su más lejano extremo, lo que hará que más votantes lo rechacen y muchos de sus seguidores lo abandonen.

Un pensamiento en “¿Cómo nominar a candidatos ganadores?

  1. Una contienda auténticamente democrática, sin corrupción ni artimañas, ahí está el problema para aplicar el argumento en este país.

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